lunes, 28 de febrero de 2005

77ª Edición de los Oscars

Rápido, eficaz y sin gracia.
Fue la gala de la 77ª edición de los Oscar una de las más rápidas de la historia de los premios. Era el propósito primordial de los organizadores. Y los objetivos se cumplieron. Un espectáculo delimitado por la premura, por el adaptado miramiento a los plazos, al tiempo estricto, dispuesto en función del cronómetro, siguiendo un guión segundo a segundo, ejercitado para que el evento no se prolongara en exceso. Y así fue. Pero el resultado no fue el esperado, ya que si bien consiguieron que no se eternizara, la ceremonia sufrió una importante pérdida de la frescura y la espontaneidad de otras ediciones. Todo fue excesivamente sobrio, absortos en que nada se saliera fuera de lo previsto, que no superara los 180 minutos.
Para ello, hubo muchas novedades, como sacar algunos premios (los menores) del escenario principal y evitar así que los premiados hicieran el paseíllo hasta recoger su Oscar. Una idea que funcionó, pero dejó imágenes insólitas y extrañas. Algunos no tuvieron apenas que levantarse para recoger su Oscar y agradecerlo, porque el presentador de turno se lo concedía en el pasillo. Otros dieron una imagen nada convencional, en el prototipo de concurso de televisión, donde los nominados alienados en fila aguardaban en el escenario a oír su nombre. Algo que recordó al anuncio de ‘Viceroy’ de Julio Iglesias o a la ronda de nominados de OT, pero simbolizando a su vez lo que siguen siendo estos premios: una lotería en el que a uno le toca una estúpida providencia. También quisieron presentar algunos de los episódicos premios desde los palcos. Unos balcones que, anoche, por fin tuvieron su protagonismo (para algo el Kodak Teathre es un teatro). No obstante, esta nueva modalidad daba cierto aire a los entrañables Walford y Statler de ‘Los teleñecos’. Sobre todo cuando una (como siempre) arrebatadora Scarlett Johansson presentó unos premios Científicos a los que, por primera vez en mucho tiempo, se les dio la verdadera importancia que tienen.
La gala contó con Chris Rock como maestro de ceremonias. Mucho se había especulado con el papel del lenguaraz y sardónico cómico afroamericano, pero no pudo estar más circunspecto el humorista y actor, a pesar de la sorna con la que trató a Bush, aludiendo en el discurso a la omnipresencia de Jude Law en todas las películas en las que ha participado el actor este año y la puntilla para ‘La pasión’, de Mel Gibson. Eficaz, contenido y expedito en sus palabras, se echó de menos los habituales ‘clips’ de Billy Cristal o la vena irónica y espontánea de Whoopy Goldberg. Aunque Rock hizo lo que mejor sabe: soltar un ‘speech’ a lo ‘stand up comedy’ (me está pudiendo lo anglosajón) y hacer prevalecer su etnia y preconizarla a la mínima de cambio. Y es que si hace tres años fue el año del ‘black power’ con Halle Berry, Denzel Washington y Sidney Poitier como protagonistas, anoche la senda de gloria fue muy similar. Los momentos pretendidamente cómicos corrieron a cargo de diversos números consistentes en ver a Edna, la modista de ‘Los increíbles’, presentando el premio al mejor vestuario junto a Pierce Brosnan, a Adam Sandler (con un evidente problema de obesidad galopante) junto a Rock de cachondeo, aludiendo a Catherine Zeta Jones y, por último el genial Robin Williams (qué capacidad cómica posee el actor) realizando la mejor y más humorística presentación de la noche, donde pudo aprovechar sus dotes de imitador al recrear, de forma magistral, a míticos intérpretes como Marlon Brando o Jack Nicholson.
El premio de Sidney Lumet quedó algo empañado por un miembro de su familia. Bueno, en realidad se debería decir por dos, ya que una de las hijas de director de ‘Tarde de perros’ o '12 hombres sin piedad’, lució un escandaloso escote que escondía (a la vista estaba) dos de las tetas más descomunales percibidas en el auditorio en mucho tiempo desde que lo pisara hace años Dolly Parton. Y es que ver a una Barbie con semejantes ubres aglutina cualquier mirada. Una ‘playmate’ de calendario central en toda regla. La diosa de ébano, Beyoncè Knowles, se convirtió en la sugerente reina musical de la función al cantar tres de los cinco temas nominados, incluyendo una esperpéntica clase de dicción de francés en el tema de ‘Los chicos del coro’. Esto debió sentar mal a los franceses por su ininteligibilidad, pero lo cierto es que la estrella de las ‘Destiny Child’ justificó con sus apariciones el enérgico potencial de una de las mujeres más bellas del mundo. Su canción junto a Josh Groban fue de lo mejor de la noche. Siguiendo con los temas musicales, Antonio Banderas cantó de putísima pena (en bufidos melódicos alusivos al peor imitador de Raphael) el tema de Jorge Drexler ‘Al otro lado del río’ junto a Santana, evidenciando la injusticia cometida por la Academia al apostar por un rostro acreditado para cantar un tema que, a posteriori ganaría el Oscar con pequeña y archiconocida venganza incluida. Sean Penn corroboró que, además de un venal congeniado con la Academia, es bastante más gilipollas de lo que se pensaba, increpando a Chris Rock por alguno de sus chistes y exhibiéndose como un simulado gran compañero. Y por si fuera poco, políticamente correcto. Si la vida fuera justa, ayer a Hillary Swank le hubiera entregado el Oscar Bill Murray y no el pelele este, que todo lo que tiene de portentoso actor lo tiene de estúpido pretencioso.
Dentro de los premiados, hubo sorpresas y decepciones. La más grande, por supuesto, fue la nos llevamos todos cuando Nacho Vigalondo no pudo traerse a la dorada estatuilla (lo sé, tengo que tirar de tópico) a Madrid. Sólo por su gesto a lo Chiquito de la Calzada en el instante en que le nombraron como nominado merece el mejor de los aplausos. Que Martin Scorsese no ganara deja la sensación de castigo de uno de los grandes. Ya es habitual que el director de ‘Godfellas’ se quede con esa cabizbaja carita de desengaño sabiendo encajar las derrotas como nadie, pero a tenor de qué película resultó la gran ganadora, uno se plantea confirmar que, de vez en cuando, la Academia otorga sus premios con coherencia. Este año Marty tenía un competidor que había sido mejor que él. Y esto es algo que con lo que no se puede luchar. Aunque eso mismo debió pensar hace tres años David Lynch o Robert Altman y fue Ron Howard quien se llevó ilícitamente el Oscar.
‘Million dolar baby’ se mereció cada uno de los premios que se llevó y alzó a Clint Eastwood como el gran clásico que es; con cuatro Oscar incluidos que la encumbraron como la película ganadora de la noche. Resulta paradójico que desde que se le premiara con ‘Sin perdón’, una película no ha sido tan justa ganadora como en la gala de ayer. También fue gratificante ver esa sonrisilla cómplice de Morgan Freeman con su Oscar guiñando un ojo cuando Pacino entregaba el Oscar honorífico a Sidney Lumet. La gran sorpresa, más allá de la rivalidad entre ‘The Aviator’ y la cinta de Eastwood, recayó en el justo premio que fue a parar a ‘Eternal sunshine of the Spotless mind’ con la concesión del Oscar al mejor guión original a Charlie Kaufman por su prodigioso ‘script’, así como la equidad del mejor guión adaptado para Alexander Payne y Jim Taylor de ‘Sideways’. Y claro, Amenábar ganó. Pero esto no es una sorpresa para nadie.
Una gala aligerada que dejó pocos buenos momentos y cerró la 77ª edición como una de las más frías, sobrias y, por qué no decirlo, aburridas, de los últimos años.
DE HOLLYWOOD A MADRID.
Ahora, en un nivel subjetivo, me centro en la parte más divertida de la noche que, paradójicamente, no estuvo en Hollywood sino en Madrid, en el plató de ‘Lo + Plus’. Cada año, Anita García Siñeriz y Jaume Figueras suben un listón en un esperpéntico espectáculo sin el cual el acontecimiento más importante del oropel cinematográfico no sería lo mismo. Recuerdo hace pocos años cuando recluidos en una unidad móvil al lado de Kodak Teathre la pareja más consolidada en la retransmisión de este evento dejaron el más colosal proceder de sus carreras. Figueras se quedaba dormido, Anita se notaba inquieta, claustrofóbica, sin saber qué decir. Este año han fichado para seguir con su necesario y ridículo ‘tour de force’ a Antonio Muñoz de Mesa, el rostro más ‘picassiano’ de panorama español después de Rossi de Palma.
Bien, los incesantes chistes sin gracia, las acotaciones desprovistas de sentido, los chascarrillos sin trascendencia y la sensación de inocuidad en sus absurdos comentarios hicieron del debate del Plus lo más dramáticamente divertido de esta larga noche. Es impagable oír cantar a Antoñito ‘el Gorgoritos’ a un público que, por primera vez, dejó someterse a las estulticias de los presentadores a lo largo de seis horas sobrellevando en directo las ingeniosidades en forma de animación a lo ‘payaso de la tele’ y un continuo devenir de chorradas verbales que Terry Gilliam calificaría con aquella frase tan ‘brittish’ de “es tan jodidamente malo que resulta excelentemente bueno”.
Uno de estos muchos momentos fue oír cantar a Muñoz de Mesa la canción de Drexler a un público aletargado, somnoliento y sin ganas de seguir el autoengañoso jolgorio del presentador. Una actitud comprobada cuando al grito de “todos en pie” para celebrar el Oscar de Amenábar se levantó ¡¡una sola persona!!. Impagable. Comparar a Adam Duritz, cantante de Counting Crows con una de las efigies del Windsor en llamas, menospreciar desde la envidia el guión de Kaufman o dejarse llevar a contracorriente por sus absurdas e incompartidas opiniones fueron la aportación más pintoresca de este showman de lo zafio que sería la pareja televisiva ideal de Leticia Sabater. Figueras estuvo comedido y traspapelado como siempre. La mesa se animó en su comienzo con Javier Cámara y su desparpajo con mucha pluma. Pero si por algo se recodará esta gloriosa noche del absurdo es por la colección de frases estúpidas de la Siñeriz. Cada año se supera a sí misma, soltando chorradas que van ‘in crescendo’, ganándose el cetro de ‘Reina de la impericia’. Pero lejos de ser una afilada crítica, es de recibo reconocer que sin su presencia, la noche de los Oscar perdería todo su sentido. Desde el Abismo: ¡¡No cambies, Anita!!
He aquí algunas de sus antológicas perlas de la noche.
ANITA'S SHOW
.- “Deberían haber salido los niños dando vueltas, haciendo acrobacias, con más movimientos ¿os imagináis?” (Refiriéndose a la actuación de Beyoncè en el tema ‘Vois sur ton chemin’, un tema de coro).
.- “Giselle –corrigiendo a Muñoz de Mesa que dijo Michelle- es el nombre de la novia de Leonardo Di Caprio. Debe estar en Costa Rica haciendo surf” (Comentario segundos antes de enfocar al actor de ‘The Aviator’ y ver que Giselle Bündchen estaba a su lado).
.- “¿Qué podemos tomar? Un carajillo ¿Se puede un carajillo a estas horas?”. (Anita evidenciando lo que muchos sospechábamos).
.- “¡¡Paulino!!” (Uno de los gritos fuera de cámara más míticos de la noche).
.- “Ahí está… Leonardo Di Caprio, ‘El aviador’ himself”.
.- “Bueno, ya ha salido Chris Rock que está preparado… listo, ya”. (Ésta fue gloriosa).
.- “Qué podemos hacer para animar a ‘Mar Adentro’? ¿Hablar en gallego?” (Insuperable).
.- “Pues esta victoria podríamos titularla ‘España 1- Francia 0’ ¿no?” (Tras ganar Alejandro Amenábar el Oscar).
.- “A este público lo van a fichar en Hollywood para dar su opinión de los montajes. Ahora cuando salgan, vamos a tomar sus nombres y…”.
LO MEJOR
.- En el apartado de Glamour: Julia Roberts, Natalie Portman, Gwyneth Paltrow, Hillary Swank, Scarlett Johannson, Kate Winslet, Anette Bening, Beyoncè, Zhang Ziyi, pero sobre todo, las más asombrosas fueron, sin duda alguna, Salma Hayek y Charlize Theron que estaban impresionantes. Y claro, no me puedo olvidar de Raquel Sánchez-Silva, la gran musa de la sonrisa optimista.
.- Clint Eastwood, agradeciéndole el premio a su madre de 96 años.
.- La frase de los responsables de efectos especiales de ‘Spiderman 2’, “ha sido una suerte que no hayan hecho cuarta parte de ‘El señor de los anillos”.
.- El ‘Grandma moment’ de Jaime Foxx.
.- Jorge Drexler, por supuesto.
.- La declaración de amor profesional de Thelma Schoonmaker a Martin Scorsese.
LO PEOR
.- La mierda de traducción simultánea de Canal +, cada año peor y más chapucera, menos descifrable y, por si fuera poco, pisando los discursos sin dejar escuchar algo de lo original que se pueda captar. Horroroso. Sobre todo, en su voz masculina. Incompetencia pura.
.- El discurso asquerosamente patriotero del presidente de la Academia, Frank Pierson.
.- El discurso poco original, sin emoción y preparado de la Swank que recordó al de la Roberts pero sin la gracia y naturalidad de aquélla. Largo y tedioso.
.- Que la puta gorda rubia de ‘Wasp’ le usurpara el Oscar a nuestro Vigalondo.