lunes, 23 de febrero de 2009

81ª Edición de los Oscar

La predecible y discutible estela del triunfo ‘Bollywood’
Está claro que Hollywood quería ganarse Bollywood de cualquier manera. Es un hecho que ‘Slumdog Millionaire’ era su gran oportunidad para abrirse hueco en un mercado tan extenso como es la India y su idiosincrasia cinematográfica. Era evidente que este año, desde hace un tiempo amontonando premios, la película de Danny Boyle iba a acaparar la función de ese inmenso circo de oropel que son los Oscar. Y así ha sido. No ha habido espacio para ninguna sorpresa. La historia, de fondo argumental similar a ‘Ciudad de Dios’ y que parte de una novela de Vikas Swarup, se hizo con ocho galardones de los diez a los que optaba. La fusión de las dos industrias se consolidó con un solo título que acaparó la velada.
La fiesta de la 81ª edición de los Premios de la Academia de Hollywood comenzó con un nuevo maestro de ceremonias, Hugh Jackman, nombrado “hombre más sexy del mundo” y dispuesto a demostrar que no sólo es un actor de irreprochable carisma con cara bonita, sino que es un fuera de serie como ‘showman’ y como presentador de este tipo de saraos. Y en su primera toma de contacto con el público, se metió al espectador en el bolsillo con un número musical donde presumió de voz y dotes para la coreografía. A simple vista, de entrada arrolladora, se lució como un titán, como un ejemplar presentador de Oscar todoterreno. Al más puro estilo Broadway, Jackman conjugó el sentido del humor de sus letras con la espectacularidad que requiere un arranque con dinamismo, incluyendo a Anne Hathaway en su delicioso juego musical aludiendo a nominados y nominadas. Luego, discreto y adorable, se limitó a seguir con su presentación, amenizado con el halo de buen rollo que dejaron los primeros compases de la gala.
Además de Jackman, había más novedades. La estructura y disposición del Kodak Theatre cambió con respecto a las ceremonias del pasado para proponer un acercamiento de los candidatos y protagonistas de la noche, que estaban apenas a un metro de un monumental escenario en el que se vio, posiblemente, la mejor escenografía de la historia reciente (y pasada) de los Oscar. La otra, el nuevo procedimiento de concesión de las estatuillas en los apartados de interpretación. Este año, como lo ostentoso era fundamental para la intentar la sorpresa y la magnificencia del espectáculo, se iniciaba con un vídeo muy emocionante que recogían imágenes de ganadores de la categoría en años anteriores, del Hollywood clásico y del contemporáneo. A continuación, la gran convulsión de cara a la galería. Ni uno. ni dos, ni tres presentadores... Hasta cinco mitos del oficio se han reunido ante los aplausos y ovaciones de la platea para, como jurados de un concurso tipo ‘Mira quién baila’ u ‘Operación Triunfo’, alabar el trabajo del nominado correspondiente. Daba la sensación de que, en cualquier momento, entre tanta estrella de peloteo y alabanzas, fuera a aparecer Mariano Mariano a encomiar a alguno de ellos y dar su sabio veredicto.
Así, de repente, el escenario se llena con la presencia de Eva Marie Saint, que aclama la interpretación de Viola Davis (posiblemente, la mejor en este apartado), Angelica Huston, por su parte, hace una loa muy poco convincente de Penélope Cruz en ‘Vicky, Crsitina, Barcelona’. Whoopie Goldberg deja su toque irónico y de humor y se deja echar de menos al exponer lo bien que lo hace Amy Davis en su papel de monja en ‘La duda’, mientras que una recauchutada Goldie Hawn se deshace en cumplidos a Taraji P. Henson y, finalmente, Tilda Swinton, la ganadora del año pasado, alaba a Marisa Tomei. Una iniciativa emotiva e ingeniosa, pero demasiado extensa para la agilidad de la noche de premios. El primero recae en Penélope Cruz, que se convierte en la primera actriz española en conseguir un Oscar. Pe parece que se ha aprendido ese jadeo entrecortado de emoción, de sorpresa y éxtasis, a punto de llorar, que tan bien funciona cuando uno es intérprete y recoge un premio de este calibre.
Para no perderse, Cruz optó por la socorrida chuleta y destacó, con gran acierto, algunos de sus mentores españoles; desde Pedro Almodóvar, pasando por Bigas Luna o Fernando Trueba hasta llegar a Woody Allen, el pueblo de Alcobendas y acabar, en español, dedicando el premio a todos los actores y actrices de su país. Un momento histórico de alegría y comunión entre el aficionado al cine patrio y su musa más internacional, que veía coronada la gran carrera de premios de este año. El inicio de estos Oscar no podía comenzar de mejor manera.
El escenario, de nuevo, pasa a ser el gran protagonista de la noche convirtiéndose en un enorme guión que va escribiendo la aparición de sus dos siguientes presentadores, Steve Martin y Tina Fey, que entregan los premios a los mejores guiones. El de guión original recae en Dustin Lance Black por ‘Mi nombre es Harvey Milk’, la primera concesión de Hollywood con la comunidad gay de la noche, pues es de todos sabido lo bien que queda premiar película con contenido social para reivindicar igualdades y equidades. Mientras Lance Black se alarga en su sentimentaloide discurso al borde de las lágrimas, la realización muestra a Gus Van Sant y a Sean Penn que, ahora, es el que más disfruta, se estremece, aplaude, ríe y gime con todo este montaje. El de guión adaptado, por su parte, da la primera y aventurada pista de lo que va a ser la noche entera; Simon Beaufoy es el ganador por ‘Slumdog Millionaire’.
Cuando Jennifer Aniston y Jack Black aparecieron, todos pensaron lo mismo. A un metro y medio estaban sentados Angelina Jolie y Brad Pitt. Y esa sensación tan suspicaz se mantuvo mientras que, con cierta complicidad cómica, Black y ella (en la que jugaron con la confrontación desnivelada de Pixar y Dreamworks animation –con Jeffrey Katzenberg como diana del chiste-), concedieron una de las evidencias reales del año: la mejor película de animación era para ‘WALL•E’, la maravilla de Andrew Stanton, que no pudo hacer el doblete con ese mítico corto que es ‘Presto’, ya que se lo llevó ‘La maison en petit cubes’, del japonés Kunio Kato, que se mostró muy agradecido con todo el mundo, subrayando su “Zankiou (Thank you)” cada vez que abría la boca.
Al regreso del primer corte publicitario se apreció, en todo su esplendor, cómo y de qué manera se las gasta Hollywood. Así, el escenario se transformó en un gigantesco teatro de bambalinas y recreación ambiental clásica de los interiores de cualquier estudio. Daniel Craig y la insoportable Sarah Jessica Parker presentaron el premio a la mejor dirección artística, que fue a parar a Donald Graham Burt y Victor J. Zolfo por ‘El curioso caso de Benjamin Button’. Un espejismo para los que auguraban (si es que había alguien) que la cinta de David Fincher podía plantarle cara a la película ‘anglohindú’ de Danny Boyle, máxime cuando Greg Cannom obtenía para el mismo filme un merecido reconocimiento a su labor en el maquillaje. No iba a ser la noche de Benjamin Button. De hecho, dentro de la gala, Burt y Zolfo fueron los únicos que sufrieron esa putada hecha música que larga a patadas y de forma poco elegante a los ganadores si se exceden de tiempo en sus discursos. A ambos debió sentarles muy mal ver cómo Michael O’Connor, que se llevó el Oscar al mejor vestuario por ‘La duquesa’, se recreaba con agradecimientos eternos a todo el mundo con total exención de cortes.
Otra de las novedades videográficas de esta edición ha sido la de dedicar estupendos montajes a las películas del año segmentadas en los alguno de los diversos géneros en las que se catalogan. Así, la chica de ‘Mamma Mia!’ y el nuevo galán juvenil de ‘Crepúsculo’ Robert Pattinson (que es todo pose de rebelde que frunce el ceño pareciendo idiota), presentaron un clip de películas y momentos románticos del cine de 2008. Una aportación audiovisual que, si bien, reconoce los trabajos que nos han sido nominados en el pasado año, se alargó sin un sentido práctico para el espectáculo televisivo.
Como siempre, el rey de la comedia, el único que brinda risas aseguradas es Ben Stiller. Y no defraudó en su número cómico al lado de Natalie Portman, presentándose con una larga barba postiza, ajeno a la gala, parodiando a Joaquin Phoenix y haciéndose el desorientado, confuso y pasota ante el premio a la mejor fotografía para Anthony Dod Mantle por su muy discutible trabajo en ‘Slumdog Millionaire’, que ya se iba perfilando como la gran triunfadora en cuanto a premios se refiere, ya que el reconocimiento a la calidad cinematográfica parece que no entraba en las previsibles quinielas de la gala de este año.
Como en cada edición, una de las actrices más deseadas de Hollywood (es un hecho) daba hacía un resumen de la entrega de los Scientific Technical Awards, que se otorgan a los profesionales del cine que, con su trabajo, innovan para mejorar el séptimo arte en su apartado técnico. Este año, la encargada fue Jessica Biel, que estaba radiante, pero a la cual su espantoso vestido no le ayudaba mucho a despertar ese sex appeal innato que tiene.
La gala proseguía hasta ése momento dejando muy buenas vibraciones, ágil y vistosa, sin perder de rumbo el entretenimiento. Una gala que se benefició de uno de los mejores instantes de esta ceremonia, que fue el clip dedicado a la comedia de 2008, dirigido para la ocasión por Judd Apatow con James Franco y Seth Rogen dando vida a sus respectivos personajes de ‘Superfumados (Pineapple Express)’. La comicidad entró cuando se insertaron vídeos de ‘La Duda’ o de ‘The reader’ entre algunas instantáneas de comedias, llegando al extremo del humor delirante con las secuencias tórridas de ‘Mi nombre es Harvey Milk’ o las más sangrientas de ‘The Wrestler’ para su festival de humor, llegando al paroxismo de la euforia absurda con la sorprendente participación en el ‘sketch’ del director de fotografía Janusz Kaminski, que se introdujo, sin ningún pudor, en esta magnífica bufonada. Hay que reconocerle a Apatow su grado de comicidad y su manejo del humor. Este extraño trío, Franco, Rogen y Kaminski, fue el encargado de conceder el premio a mejor cortometraje ‘Spielzeugland (Toyland)’, de Jochen Alexander Freydank.
En el punto álgido de la noche, era la hora de volver a disfrutar de otro aparatoso número musical de Hugh Jackman coreografiado por Baz Luhrmann, que aplaudía desde un palco con un aire y bigotillo a lo Rhett Butler. Con otra sorprendente mutación escenográfica del escenario, el protagonista de ‘Australia’ volvió a sorprender al protagonizar un homenaje al género musical de la mano de la diosa de ébano Beyoncé Knowles en una antológica clase de baile a la que se unieron otras dos parejas; las formadas por Amanda Seyfield y Dominic Cooper, por un lado y Zac Effron junto a Vanessa Hudgens por otro. Impresionante. Para Jackman la fiesta tenía una máxima que grito al finalizar la actuación “The musical is back”.
Uno de los momentos más esperados de la noche era el del correspondiente a la disciplina de mejor actor de reparto. Siguiendo la nueva modalidad de desfiles de famosos ganadores del premio en esta categoría para hacer loas a los candidatos, la suerte se repartió de la siguiente manera; a Joel Grey (inolvidable ganador por ‘Cabaret’) le tocó Josh Brolin, a Christopher Walken, Michael Shannon, a Cuba Gooding Jr. y sus chistes sin gracia a Robert Downey Jr., a Alan Arkin, Philip Seymor Hoffman (sin entender porqué secundario si es el único protagonista de ‘La duda’) y, por último, a Kevin Kline le tocó la guinda de Heath Ledger. Obviamente, este instante debía ser uno de los más emotivos y sentidos de esta edición. Ledger, por supuesto, ganó el Oscar.
Es la segunda vez en la historia que se concede a título póstumo desde que en 1976 Peter Finch también lo obtuviera una vez fallecido por ‘Network’, de Sidney Lumet. Incuestionablemente, todos y cada uno de los asistentes al acto, se levantaron a ovacionar y homenajear al malogrado actor. Salieron a recibirlo en su nombre; su padre, su madre y su hermana. Pero lo que iba a ser una coyuntura triste, muy conmovedora y dramática, se torna en un agradecimiento del todo frío, con la única reacción de ciertos miembros de la comunidad de Hollywood a punto de llorar, pero percibiendo el acto como un trámite sin el espíritu de Ledger, a pesar de las sinceras y delicadas palabras de sus más cercanos allegados. Después del trance, fue el protagonista del documental (previo ‘clip’ dedicado al género) ‘Man on Wire’ Philippe Petit, funambulista que cruzó los 60 metros que separaban las Torres Gemelas del World Trade Center por un cable, el encargado de animar un poco el cotarro. Petit dedicó un “Yes!” como agradecimiento y se atrevió a hacer un número de magia ante los aplausos del público.
Con la presentación de Will Smith se llegó al principio del fin. El actor más taquillero del momento desplegó su vena carismática y simpatía, como es habitual en él. Pero no fue suficiente. Presentó el vídeo relativo al cine de ficción del pasado 2008 para otorgar unos cuantos premios; el de efectos especiales para la cinta de Fincher (que se quedó ahí, en tres galardones técnicos), mejor montaje de sonido para ‘El caballero oscuro’ y la decadencia absurda de un ridículo palmarés conformado a mayor gloria de ‘Slumdog Millionaire’, que se llevaba el de mejor sonido (para aplaudir a Resul Pookutty, único miembro hindú que acaparó las palabras del agradecimiento por encima de Ian Tapp y Richard Pryke) y el de mejor montaje, sincopado y virulento, gracias a la mano de Chris Dickens.
A partir de ese momento, la gala empezó a venirse abajo. El Oscar honorífico ya no es honorífico, ahora es humanitario y se llama Jean Hersholt Award. Eddie Murphy se lo entregó con cierta desgana a un tótem como Jerry Lewis, al que despacharon con un par de vídeos que recogían, respectivamente, algunos de los momentos de la carrera de Lewis como padre y deidad de la comedia americana, pero sobre todo por su activa participación en el Teletón, evento para recaudar fondos para la MDA y destinados a combatir más de 40 enfermedades neuromusculares que afectan a niños. Por mucho que Michael Giacchino, compositor que ha sustituido al mítico Bill Conti al frente de la orquesta de los Oscar, pusiera su talento al servicio del número de bandas sonoras que se llevó, incomprensiblemente, A.R.Rahman ampliando la cuenta de ‘Slumdog Millionaire’, la cosa pasó a ser bastante aburrida. Rahman volvió a salir a recoger la canción (éste más coherente) con ‘Jai Ho’ entregado por Alicia Keys y Zac Effron, la noche de entretenimiento estaba decayendo de forma vertiginosa, sin ápice de la lucidez o ritmo con la que había comenzado.
Entre el caudal de ‘spots’ publicitarios metidos casi entre premio y premio por la cadena ABC y el protagonismo previsible de la cinta de Danny Boyle, a unas horas intempestivas de la madrugada era más interesante saber que los Lakers de Gasol habían fulminado a los Toronto Raptors, que seguir con algo de interés la propia gala, interrumpida una y otra con más anuncios. Jackman había desaparecido del mapa y la figura de Billy Cristal, Steve Martin e incluso de Jon Stewart se empezaba a echar de menos. Al mismo tiempo, ‘Slumdog Millionaire’ seguía acaparando la atención de la ceremonia, ésta vez con Freida Pinto colgada en el brazo de Liam Neeson para presentar una de las pocas sorpresas de la noche, el Oscar a la mejor película extranjera que fue a parar a Japón con ‘Okuribito (Departures)’, de Yojiro Takita, por encima de rivales con más posibilidades como la película francesa ‘La clase’, y sobre todo la israelí ‘Vals con Bashir’.
Era tarde y quedaba todavía mucho por entregar. Aunque el interés y la fascinación estaban agotados. Queen Latifah cantó ‘I'll Be Seeing You’ con el vídeo de ‘In memorian’ que recopila imágenes de gente de la industria que ha fallecido durante el pasado año. Fue cuando, por fin, el sentimentalismo y emotividad hizo acto de presencia en el mismo instante en que el gran Paul Newman cerraba entre aplausos y la platea en pie el único instante de ternura común y celebrada de la noche. Y vuelta a los infernos del tedio. Reese Whiterspoon salía para darle el Oscar como director a Danny Boyle, que subió a recoger su premio sin su codirector hindú Loveleen Tandan.
Después de más cortes publicitarios, era el momento de continuar con la letárgica (por lo inacabable) entrega, ésta vez de los Oscar correspondientes a mejor actor y mejor actriz. En éste último, Sophia Loren evidenció que las operaciones han hecho de ella una aberración sin expresión y que Nicole Kidman rivaliza en este apartado como clara sucesora. La veterana actriz italiana se deshizo en elogios a Meryl Streep, mientras que Kidman hizo lo propio con Angelina Jolie. Con tanto aburrimiento encima no habría estado nada mal que la encargada de encomiar el trabajo de Jolie hubiera sido Jennifer Aniston. Shirley McClane habló maravillas de Anne Hathaway, una espectacular Halle Berry de Melissa Leo y, por último, Marion Cotillard le pasó el testigo de ganadora por 'El lector' a Kate Winslet. Winslet demostró porqué es tan buena actriz, ya que interpreta hasta para recoger premios, aparentemente afectada, con la respiración entrecortada (como antes había hecho Pe) y forjando un número de alegría contenida. Estuvo bien que, al agradecérselo a sus padres, el británico y macarra padre de la Winslet silbara para que su hija saludase.
El galardón al mejor actor reunió sobre el escenario a Michael Douglas, Adrien Brody, Ben Kingsley, Anthony Hopkins y Robert De Niro, que aduló como persona sin juzgar su trabajo en ‘Milk’ a Sean Penn que, por segunda vez en su carrera, se vio beneficiado por los votos de los académicos con un Oscar que llevaba el nombre de otro actor. Si hace cuatro años el damnificado fue Bill Murray, ésta vez se quedó sin premio Mickey Rourke por su excelente trabajo en ‘The Wrestler’. Penn, al que no hace tantos años estos premios le parecían un circo de vanidades, de estúpido sinsentido, recogió su premio con cara de emoción y se dedicó a hacer la pelota a todo el mundo, a pedir derechos de gays y lesbianas, a dar las gracias, a... Tanto, que en su afectado y postizo discurso, incluso elogió la figura de Barak Obama. Oírlo para creerlo. Lo que le faltaba a la noche interminable que Penn alargó un poco más con su perorata de agradecimientos.
La ABC seguía metiendo anuncios y anuncios y la gala de los Oscar que se proponía como un satisfactorio cambio, se había transformado en una de las más agónicas y aburridas de los últimos años. Menos mal que Steven Spielberg abrió el sobre y ‘Slumdog Millionaire’ terminó de llevarse lo que quedaba del pastel con todo ese grupo de gente muy ‘Bollywood’ sobre el escenario, como una gran familia, observando cómo a Christian Colson, el productor del filme, se le caía la baba con su ambicionado Oscar, impidiendo casi que Hugh Jackman puediera terminar, por fin, después de casi cuatro horas de gala. Era el punto y final a una 81ª edición de los Premios de la Academia.
Esperemos que en la próxima edición no tome como ejemplo y un punto de referencia esta desastrosa gala que empezó de forma espectacular y acabó siendo un bochornoso evento que rozó las cuatro horas. Por el bien del espectáculo y por el bien del cine, que cambie todo esto. La conclusión; Hollywood ya tiene su nueva película para meter en el mismo saco junto a cintas como ‘Gladiator’, ‘Shakespeare in Love’, ‘Una mente maravillosa’ o ‘Crash’, una tipología de películas que pasa a la historia por el número de Oscar acumulados, nunca por su calidad.
LO MEJOR
- El esperado premio, después de tanta incertidumbre y publicidad, de Penélope Cruz.
- El inicio, que prometía a un Hugh Jackman antológico.
- Ben Stiller y el ‘sketch’ de Judd Apatow.
- Halle Berry, Natalie Portman, Beyoncé Knowles, Amy Adams, Angelina Jolie, Marisa Tomei, Jada Pinkett Smith, Jessica Biel… elegancia y glamour destilada por tanta estrella.
- Ver a Philip Seymour Hoffman con problemas para sostener su cabeza sobre los hombros y a Ben Kingsley con problemas para mantenerse despierto ¿producto del aburrimiento?
- Jennifer Aniston aguándole la fiesta de glamour a Brad Pitt y Angelina Jolie.
- Poder ver de nuevo a Phoebe Cates acompañando a su eterno marido Kevin Kline.
- El divertido parecido entre el co-Director del documental ‘The Betrayal (Nerakhoon)’ Thavisouk Phrasavath a Ronaldinho y del cómico Bill Maher a Francis Lorenzo.
- Los spots de ‘El show de Jimmy Kimmel’ durante la publicidad. En especial uno protagonizado junto a Tom Cruise (al que siempre se le echa de menos cuando no está en los Oscar).
- Que acabara la gala.
LO PEOR
- Desde la mitad de la gala hasta su inacabable final.
- Lo previsible de todo el palmarés.
- La progresiva inclusión de publicidad por parte de la ABC.
- Sean Penn, porque él lo vale.
- Lainquietante presencia de Randolph Duke, presentador de la ABC-7 en la previa de la ‘red carpet’.
- El rostro de Sophia Loren, que no ha aguantado bien la reforma del bisturí. Luego hablan de Mickey Rourke… Por no hablar de Goldie Hawn.
- Algo extraño: el japonés Yojiro Takita, en plan ‘Terminator’, anunciando sin ningún criterio “I’ll be back” ¿Amenaza?
- La frialdad de los momentos emotivos.
- Que se echara tanto de menos a gente como Billy Cristal, Jon Stewart o Steve Martin olvidando, con gran facilidad, las cotas de maestría coreográfica de Hugh Jackman.
- Incógnitas: ¿No se supone que Sean Penn se había separado de Robin Wright y que Sarah Jessica Parker había dejado a Matthew Broderick? ¿Tan mal funciona la prensa rosa en USA?