lunes, 8 de marzo de 2010

82ª Edición de los Oscar

La gesta de Bigelow y una gala para olvidar
No corren buenos tiempos para la gala de los Oscar. Uno de los eventos más multitudinarios de la televisión mundial lleva unos años sumida en la apatía y el declive. Durante la pasada madrugada se confirmó la indolencia de un espectáculo que ha tocado su fondo más abisal, que no puede evitar el descalabro que produce el bostezo, la parquedad de magia o la absoluta falta de esparcimiento. El desinterés se ha transformado en un incómodo aliado de uno de esos acontecimientos en los que se espera algo de diversión. La gala de la 82ª edición de estos premios pasará a la historia porque es la primera vez que una mujer, Kathryn Bigelow, obtiene una estatuilla en la categoría de mejor dirección, pero también pasará como una de las más nefastas que se recuerden en la memoria reciente.
Ni siquiera la correspondiente a la del año 2008, también una de las más infumables que se evoquen, se puede comparar. Es más, incluso la del año pasado, que arrancó de forma ejemplar para ir apagándose hasta el vacío del ostracismo poco tiene que ver con el bochorno vivido ante la pantalla por parte del indolente teleespectador que ha sufrido un varapalo contra las ganas de pasarlo bien. El caso es que por mucho que las expectativas tuvieran un nivel medio o bajo, sin muchas esperanzas de alcanzar un ‘show’ por encima de la media, lo cierto es que estos Oscar pueden ser considerados como los más plomizos y con el peor guión y desarrollo de la Historia. Y eso, si tenemos en cuenta el condicionante de que han sido, a su vez, unos de los más sucintos y breves de los que se recuerde. En definitiva, un horror huérfano de ‘entertaiment’.
La batalla entre ‘The Hurt Locker’ y ‘Avatar’, que enfrentaba a una de las ex parejas más célebres de Hollywood, Kathryn Bigelow y James Cameron, ni siquiera estuvo disputada. La cinta de la directora de ‘Le llaman Bodhi’ arrasó al pueblo Na’vi de Cameron que partía como favorita, sabiendo que, en el fondo, el cine de calidad lo ponía esa cinta bélica sobre la Guerra de Irak que el idealista universo embellecido por las nuevas técnicas digitales servida por el autodenominado “rey del mundo”. Hoy, ya no lo es. La pugna no existió desde los primeros compases y Bigelow aplastó las posibilidades de su ex marido demasiado pronto. Que Steve Martin y Alec Baldwin fueran encomendados para presentar el cotarro proponía la oferta cómica desde un principio con ciertas garantías. Su empatía y su buen momento profesional eran un seguro de éxito. Todo lo contrario. La gala se abrió con todos los actores nominados saliendo a saludar y darse un baño de masas. Algo que descolocó un poco la logística de este tipo de saraos tan ‘bigger than life’ que les gusta a los yanquis. El hecho de que sobre el siempre impresionante Kodak Theather, que este año estaba más limitado en su escenografía y juegos de artificio y visualidad, apareciera el genial Neil Patrick Harris con un número musical al estilo Broadway recordó por momentos a los brillantes primeros instantes que tuvo Hugh Jackman el pasado año.
La aparición de Baldwin y Martin sobre el escenario iba a marcar la pauta de lo que vendría a lo largo de la noche. Sus ‘speechs’ y ‘gags’ sobre los nominados de la noche levantaron las primeras risas y aplausos del personal, pero es cierto que ya se intuía un cierto convencionalismo en los toques de humor de ambos presentadores, con chistes fáciles y demasiado obvios, empezando por sus alusiones a Meryl Streep, ponerse unas gafas 3D para buscar a Cameron entre el público y fumigar ‘lonatayas’ del planeta Pandora. Lo único relevante fue la complicidad de George Clooney que participó como él sabe en estos guiños paródicos mostrándose adorablemente “mosqueado” con los comentarios de los anfitriones. El cambio de estructura dentro del guión que rompió con la tradición en 2009 se redundó la pasada madrugada y en seguida comenzaría el reparto de muñecos dorados. Penélope Cruz aparecería para presentar el Oscar al mejor actor de reparto, que fue a parar a Christoph Waltz por su inolvidable papel del oficial nazi Hans Landa de ‘Malditos Bastardos’. Una de las cosas a destacar fue que la frase “the Oscar goes to…” que se popularizó allá por 1988 ha sido sustituida otra vez por el mítico y más popular “and te winner is…”. Pura anécdota para la posteridad.
El tema de las diez películas nominadas, de las que, siendo benévolos, sobra la mitad de ellas (si no más), se presenta con un actor o actriz que tenga relación con el director o la película nominada. Ryan Reynolds es el encargado de decir unas palabras de ‘The Blind Side’, ya que ha compartido cartel con Sandra Bullock, una de las estrellas de la noche, en ‘The Proposal (La Propuesta)’, otra de esas comedias románticas en las que la actriz está especializada y que suelen ser sonados fracasos. Algunos de estos clips en relación a sus presentadores sí tenían más sentido, como que Jeff Bridges presentara el de ‘Un tipo serio’ (cómo olvidar su Jeff Lebowski junto a los Coen), el actor fetiche de Jason Reitman, Jason Bateman, presentara el de ‘Up in the air’ o que John Travolta lo hiciera con ‘Malditos Bastardos’, de Quentin Tarantino. Ya en el momento en que Steve Carell salió con Cameron Díaz a presentar los candidatos del premio a la película de animación se empezó a intuir que algo no iba bien. El actor de ‘The Office’ salió desubicado, sin frases ingeniosas o algo de improvisación que arrancara una mísera sonrisa. Y eso, con Carell es mala señal. ‘Up’, de Pete Docter, que exhibió unos pabellones auditivos exageradamente llamativos, estaba destinada a ser la película animada de este 2009 pasado. Y no hubo sorpresas.
Steve Martin y Alec Baldwin apenas tenían frases para presentar a los presentadores. Como esas muñequitas ‘barbies’ que responden al nombre de Miley Cyrus y Amanda Seyfried que le dieron el Oscar a la mejor canción a ‘The weary kind’, de la película ‘Crazy heart’. Otra cosa. No hubo posibilidad de escuchar las canciones nominadas porque los responsables de la gala han vetado este tradicional hábito. El arranque no podía ser peor; ni clips de video con esos montajes tan fascinantes que suelen ofrecer, ni chispa a la hora de presentar, nada de fanfarrias de ningún tipo, con más publicidad… Todo hacía presagiar que estos premios, por muy expeditivos que fueran, no iban a deparar nada bueno. De hecho, al igual que el año pasado, el anuncio del Show de Jimmy Kimmel, tumbado en la cama con Ben Affleck y con aparición estelar de Jennifer Garner para promocionar su programa fue más efectivo que cualquiera de los minutos cómicos (si es que se puede aludir a este término) de la gala. ‘The Hurt Locker’ conseguía su primer Oscar con Mark Boal en la categoría de guión original. Se habló de Tarantino como favorito, pero el filme de Bigelow comenzaba a labrar su palmarés con una Tina Fey acompañada de Robert Downey Jr. dejando el tipo de presentación brillante para darle dinamismo al tema. Sin embargo, fue un espejismo.
De repente, un WTF sorprendente y gratificante, pero no por ello desubicado. En el escenario aparecen Matthew Broderick y Molly Ringwald dando paso a un emotivo homenaje a John Hughes, mítico exponente de un cine extinto que supo exponer factores y problemáticas comunes a la juventud de la década de los 80. Seguido de un vídeo por su aportación al mundo del celuloide, se unen al recordatorio Anthony Michael Hall, Macaulay Culkin, Jon Cryer, Ally Sheedy y Judd Nelson y tienen un gesto emotivo para con la familia del fallecido Hughes. Lo más irónico o chocante de esto es observar los rostros de estupefacción de Kristen Stewart y Taylor Lautner, ídolos de una generación que ni siquiera sabe quienes son los actores que acaban de desfilar en escena y la importancia que ha tenido en una generación perdida. Para el Oscar al mejor cortometraje se elige, no se sabe aplicando qué baremo, ganadores en esta disciplina que llegaron a hacer películas. Taylor Hackford que ganó en 1979 por ‘Teenage Father’, David Frankel que haría lo mismo en 1996 con ‘Dear Diary’ o el gran John Lasseter, que ganara con su corto de animación ‘Tin toy’ en 1988 son los encargados explican sus sensaciones cuando recogieron el Oscar y su posterior consecuencia que les llevaría a saltar al largometraje. Entonces empieza a cuajarse el desastre que todos sospechaban. Este año, la prioridad de la Academia no ha sido, visto lo visto, ni el guión, ni el humor, ni el espectáculo, ni la calidad del acontecimiento. Lo realmente importante era establecer unos tiempos delimitados para que la gala durase un tiempo estipulado. La movida debía tener un estricto absolutismo en cuanto a agradecimientos y duraciones se refiere. Se había publicado que estaba prohibido llorar para evitar pérdidas de tiempo.
Así, con los cortometrajes se han dado situaciones esperpénticas. Es decir, que ‘Music by prudence’, gana al mejor corto documental y Roger Ross Williams empieza a hablar pero es interrumpido por su codirectora Elinor Burkett que le deja a cuadros y encima son cortados por la organización en su extravagante discurso de agradecimientos. Es lo mismo que sucede con ‘Logorama’, del cual habla uno de sus directores y el otro se queda con las ganas. Y eso fue algo que se vería una y otra vez cuando los ganadores eran más de… ¡uno! Por supuesto con la obligación de no hablar más de 20 segundos, porque si no, la organización hace sonar la música y te cierran el micro. Y no sale un gorila de seguridad a darte una patada porque se emite para todo el mundo, que si no… El que siempre pone el listón muy alto es Ben Stiller. Da igual que todo esté muy anodino y sin chispa. Él sabe arrancar las carcajadas de la noche y convertirse en uno de los factores más positivos de toda la fiesta. En esta ocasión apareció maquillado como un Na’vi y se luce como cómico al presentar el premio de mejor maquillaje por la que ‘Avatar’ no está nominada. Curioso. Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow, ganadores por ‘Star Trek’, tardan más en llegar al escenario que en agradecer. Y, cómo no, también son casi echados a patadas del escenario. A estas alturas de la noche ni las sorpresas sorprenden. Jason Reitman era el favorito para llevarse el guión adaptado, pero fue Geoffrey Fletcher por ‘Precious’ en alzarse con el Oscar. Tuvo una emotiva proclama de agradecimiento al borde de las lágrimas. Pero como habían prohibido llorar, el pobre hizo de tripas corazón y pudo terminar de hablar antes de que sonara la música de expulsión. Uno de estos años colocarán debajo del premiado una trampilla para que al pasarse del tiempo caiga en un foso y se ahorre tiempo. Por si fuera poco, la realización enfoca a todos los miembros del equipo de la película de Lee Daniels. Y a Morgan Freeman, como estipendio, por eso de que también es negro y no tiene nada que ver con ‘Precious’.
Si ya es triste que hayan destrozado tradiciones y hayan querido renovar el espectáculo mirando más los intereses comerciales que la índole primigenia de estos galardones, más lo es que los Oscar honoríficos se den meses atrás y, tras unas imágenes fugaces, hacer saludar a los homenajeados y… se acabó. Otro apartado más, arruinado. Dos figuras memorables como Roger Corman y Lauren Bacall no merecen este trato. Por mucho Oscar que se le otorgue. Robin Williams siguió los pasos de Carell. Un cómico con sobradas aptitudes para el humor que parece que viene de funeral. Le entrega el Oscar a la preferida por las quinielas. Mo’Nique se llevó, con todas las de la ley, el distintivo a la mejor actriz secundaria por su despreciable personaje de ‘Precious’. Me hace mucha gracia como los medios españoles han enfatizado en titular su cabecera con que la actriz afroamericana “le ha robado el premio a Penélope Cruz”. Ridículo.
La palabra “coñazo infumable” empezaba a propagarse por los círculos de cinéfilos que han seguido durante esta noche la gala más importante de Hollywood. Menos mal que Charlize Theron sale a continuación de Sarah Jessica Parker para subsanar la esperpéntica efigie que se ha labrado la protagonista de ‘Sexo en Nueva York’. De repente, sin mucha coherencia en su planteamiento, aparecen los jóvenes efebos de la saga ‘Crepúsculo’ Kristen Stewart y Taylor Lautner y presentan un vídeo de grandes clásicos del cine de terror que repasa en imágenes algunos de los títulos más representativos del género. Con esto se deja claro que cualquier propósito de hacer algo bien no tiene cabida en esta noche, por mucho que a Quentin Tarantino le haya gustado el ‘clip’. Es cuando ‘The Hurt Locker’ se lleva los premios de sonido y comienza a tomar ventaja sobre su rival directa ‘Avatar’ ¿Y Steve Martin y Alec Baldwin? Tampoco importa mucho porque apenas aparecen en escena y cuando lo hacen, pasan desapercibidos. Aunque sería injusto no reconocer que su parodia de ‘Paronormal Activity’ fue de lo poco bueno que concedieron en sus aportaciones como conductores de la gala.
Es importante no perder tiempo, por lo que Sandra Bullock presenta la categoría de fotografía sin que al menos nos dejen ver algo del trabajo de los magos de la luz. Gana Mauro Fiore por ‘Avatar’. Y llegó otro instante para el olvido. Demi Moore, espectacular, se desliza con la música de ‘Ghost’ para presentar a James Taylor, que canta ‘In My Life’ mientras tiene lugar el vídeo que repasa la gente del cine que ha fallecido a lo largo de 2009. Comienzan por Patrick Swayze y acaban por Karl Malden, pero parece ser que Farrah Fawcett no contaba para la Academia porque han pasado de recordar que ella también murió tras una larga enfermedad. De hecho, para el poco sentimiento y la falta de emotividad que dejó esta revisión, casi mejor. Sam Worthington (que presentaba con Jennifer Lopez) se puso unas gafas enormes para presentar los candidatos de banda sonora. Sobre el escenario, había preparada una coreografía para acompañar los ‘scores’ nominados. Lo que podría haber recordado a otras galas de hace tiempo, en la que también se siguió este sistema de combinar música y danza, aquí roza lo grotesco. Mientras sonaban las partituras de los nominados, los bailarines serpentean, hacen el robot, bailan en plan ‘break’ con estertores de singular actividad física. Y es espectacular, cierto es. Pero que no pegan ni con cola. Y la idea del número musical luce como una descoordinación que acaricia lo estrambótico. El gesto de George Clooney a cámara después de la coreografía lo dice todo. Eso sí, por lo menos gana Michael Giacchino por ‘Up’. ‘Avatar’ gana los efectos especiales, por supuesto. Los de ‘The cove’, el largo documental ganador, se quedan con el papel de agradecimiento en la mano porque son muchos y sólo agradece a toda hostia el primero de ellos. El montaje es para ‘The Hurt Locker’, que sigue con ventaja respecto a ‘Avatar’.
Otro momento extraño llega con la concesión del Oscar a la mejor película extranjera. Ver a Pedro Almodóvar y a Quentin Tarantino unidos para presentar es, por lo menos, chocante. Cuando no raro. El destino no quiere que a ellos se una Michael Haneke (hubiera sido todavía más extraño) y se lleva el premio ‘El secreto de sus ojos’, de Juan José Campanella, que está a punto de que le corten el discurso debido a que se prolonga en sus palabras. Lo mejor de la noche, hasta ese momento, era saber que sólo restaban los premios gordos y que todo iba a acabar. Reducen tiempos y cercenan todo el lujoso dispositivo audiovisual visto hace años. No hay casi frases ingeniosas. La catástrofe es un hecho. Lo que no puede faltar es la poco brillante y extensa idea (inaugurada el año pasado) de sacar cinco intérpretes que piropeen con una arenga de adjetivos ponderativos inacabable a los nominados en las categorías interpretativas. Curiosamente, en esta chorrada anidó el instante más conmovedor y especial de toda la noche. Michelle Pfeiffer, que había compartido pantalla con Jeff Bridges en 1988 en esa obra maestra que es ‘Los fabulosos Baker Boys’, recordó aquella experiencia antes de que al protagonista de ‘Crazy Heart’ le concedieran ese Oscar tan merecido. Bridges fue lo mejor de la velada, con su sincera alegría, con su felicidad desatada mientras la totalidad de la platea en pie aplaudía sin cesar. Su interpretación como Bad Blake es merecedora de este reconocimiento que sirve como homenaje a una carrera llena de actuaciones memorables y a un actor con un talento maravilloso. El mismo sistema de actores o actrices adulando al candidato correspondiente también se sigue en la actriz. Aquí es Oprah Winfrey la que tiene su minuto de gloria y hace llorar a su protegida, la actriz de ‘Precious’ Gaboury Sidibe, con un discurso lleno de sentimiento y ternura. Hubiera sido una sorpresa muy agradable que la oronda actriz hubiese recogido el galardón a la mejor actriz. Como dijo Oprah minutos antes, “todo es posible”. Pero no fue así. Sean Penn, acaparador de injusticias en este tipo de saraos, entregó el Oscar a Sandra Bullock por ‘The Blind Side’ horas después de que fuera reconocida como la peor actriz del año con un Razzie. Hollywood es así. Un mundo de extremos. La actriz estuvo muy bien en su agradecimiento en homenaje a las madres de todo el mundo.
Quedaban los dos últimos premios de la noche que desvelarían quién sería la vencedora de la noche. Cuando Barbra Streisand apareció para adjudicar el premio al mejor director las pistas se destaparon como evidentes y previsibles. Y así fue. Las palabras de Streisand al abrir el sobre eran significativas “the time has come (el momento ha llegado)”: Kathryn Bigelow se convertía en la primera mujer de la historia de los premios en recibir un Oscar en el apartado de mejor director. Por supuesto, no faltó en su discurso gratitud aludir al ejército de marines con claras connotaciones patrióticas. Lo último, lo que faltaba por ver para redondear el desbarajuste. Bigelow aún no había abandonado el escenario cuando ha salido Tom Hanks a gran velocidad. El momento emocionante de saber cuál era la mejor película de 2009 para la Academia no podía incluir vídeos, ni siquiera de recordar cuáles eran las nominadas. Hanks ha abierto el sobre con cierta prisa y ha dado a conocer, de forma vertiginosa, a ‘The Hurt Locker’ como la gran ganadora del año ¿Para qué darle un poco de emoción? Un poco más y grita el nombre de la ganadora desde el ‘backstage’.
Han agradecido los productores de la cinta (entre las que se encuentra la propia Bigelow) y seguidamente han salido a matacaballo Martin y Baldwin a despedir y la función ha finalizado. Así, a todo trapo, con precipitación. Lo peor de esta gala es que deja la sensación de que el futuro de los Oscar no vislumbra un cambio positivo. La de esta madrugada ha sido una velada para el olvido, donde no existió el ‘sketch’, ni el humor, ni el espectáculo, que careció de cualquier atisbo de diversión. Por no haber, no hubo ni anécdotas para recordar durante la gala. Ya pueden cambiar mucho la concepción de este espectáculo cinematográfico porque la de este año ha sido horrorosa, plagada de despropósitos y sin ápice de esa lucidez que se le exige a uno de los programas televisivos más seguidos del año. En resumen, cuatro horas para decir que ‘The hurt locker’ se alzaba con seis estatuillas y dejaba a ‘Avatar’ como la gran derrotada de la noche. Poco más. Un consejo: en la próxima ocasión que le den un cheque en blanco a Billy Cristal, por favor. Él es el único que ha demostrado que puede dirigir la ceremonia con ese talento cómico que se echa en falta estos últimos años.
LO MEJOR
- El regreso de Michelle Pfeiffer a los Oscar después de muchos años. Vestida de rojo, en homenaje a su personaje de ‘Los Fabulosos Baker Boys’ Suzie Diamond, para alabar la carrera del otro figura de la noche: Jeff Bridges.
- Que ha durado ¿poco?
- Ben Stiller, que suma otro éxito como cómico en unos Oscar. Se ha convertido en una garantía de humor asegurado. Podían aprender de él. Es más, podría ser él el próximo presentador de los Oscar.
- Charlize Theron, siempre. Y George Clooney, por lo mismo.
- En el apartado de estilismos, vestidos y elegancia destacaron Penélope Cruz, la radiante Kate Winslet (posiblemente la más guapa de la ceremonia), Sandra Bullock, Demi Moore, Tina Fey, Helen Mirren, Anna Kendrick, Elizabeth Banks y la gran protagonista de la noche Kathryn Bigelow, que dice que tiene 58 años y parece que tiene 45.
- No ha habido discurso del presidente de la Academia.
- El homenaje a John Hughes que ha permitido ver lo mal que han envejecido la generación que se hizo famosa al amparo de este cineasta, incluido el ‘Joselito de Hollywood’ Macauley Culkin.
- Como cada año, la Academy Press Photo Area, por suministrarme las imágenes de la noche.
- Que acabara la gala.
LO PEOR
- La falta de anécdotas antes y durante la gala.
- La realización. Otros años, por muy mala que sea la gala, en este apartado suele funcionar todo a la perfección. Este año, ha dejado que desear bastante ¿La crisis ha afectado también a los Oscar?
- No saber si Mo’Nique al final se ha depilado los pelarros de las piernas que lució orgullosa en los Globos de Oro.
- La ausencia de sentido del humor y lo desordenado y caótico de todo. Una organización penosa y un guión que ha brillado por su ausencia.
- Steve Martin y Alec Baldwin. Muy mal. Bill Mechanic, productor de los Oscar, había prometido risas. Y estos dos cómicos no han estado a la altura.
- Sarah Jessica Parker, que además de dar una grima (por no decir repulsa) llevaba un vestido horrible y masticaba chicle en el patio de butacas. Con lo pija que es ella.
- Que no estuviera Jack Nicholson.
- Ese aire de superioridad y aires de grandeza que dejaron ver Kristen Stewart y Taylor Lautner en cada instante en que han aparecido.