lunes, 28 de febrero de 2011

83ª Edición de los Oscar

Los Wenstein compran los premios gordos en la peor gala de los Oscar
La 83ª edición de los Oscar ha superado lo imposible. El año pasado se dio una de las galas más nefastas que se recordaban, dejando el bostezo como único protagonista ante la falta de diversión y amenidad absoluta y más escandalosas de los últimos tiempos. Bien, pues lo de ayer fue peor. Una velada que conjugo un cúmulo de desaciertos, que llegó, por momentos, a resultar vergonzosa, sumamente aburrida y del todo decepcionante. Lo que equivale decir que, casi con toda seguridad, haya sido la más fraudulenta y bochornosa de la Historia reciente de los premios. Es decir, que no se recuerda algo así en ningún antecedente. No fue una gala vistosa. Tampoco va a pasar por el reparto de premios, ni por el beneplácito del palmarés.
Que ‘El discurso del Rey’ pudiera llevarse el máximo reconocimiento por encima de películas como ‘La red social’ o ‘Toy Story 3’ era algo que entraba en las quinielas condescendientes. Pero el hecho de que la cinta producida por los hermanos Weinstein fuera la gran ganadora va a la par con lo ignominioso de una noche para olvidar. Éstos han vuelto a demostrar, como lo hicieran en marzo de 1999, que es posible transgredir las normas de la lógica y poner de manifiesto que el dinero y las mastodónticas campañas y argucias comerciales pueden dar como resultado un Oscar que, pese a ser incomprensible, queda como desatino de esa ganadora de Oscar que ejemplifica la tendencia de Hollywood a concretar la gloria a películas que pasarán a los fastos como olvidables filmes simpáticos pero efímeros.
En aquel entonces ‘Shakespeare in love’, de John Madden, dejaba a todos boquiabiertos cuando se llevó el Oscar a la mejor película del año por encima de títulos como ‘Salvar al soldado Ryan’, de Steven Spielberg o ‘La delgada línea roja’, de Terrence Malik. A Hollywood siempre le ha gustado darle el Oscar a películas más o menos destacadas, pero sin el relumbrón de maestría de muchas de las que dejan fuera de la cada vez más debilitada leyenda de estos premios prosaicos e injustos. Cierto es que ‘El discurso del Rey’ no es una mala película, pero quedará como la sucesora de películas como ‘Gladiator’, ‘Una mente maravillosa’, ‘Chicago’, ‘El paciente inglés’, ‘Crash’ o ‘Slumdog Millionaire’, ejemplos recientes de garrafales despropósitos, cada vez más normalizados, ensalzando cierto tono de mediocridad como grandes vencedoras de unos galardones autodesprestigiados y cada día menos creíbles.
Respecto a la noche: una auténtica calamidad. Si Alec Baldwin y Steve Martin dejaron las expectativas por los suelos, lo de Anne Hathaway y James Franco se rebeló, desde sus primeros compases, como un desacierto total. Comenzaron bien, gracias a un vídeo introductorio heredado de las memorables galas de Billy Cristal apareciendo insertados dentro de los filmes nominados, con bastante efectividad, teniendo a Alec Baldwin y Morgan Freeman como invitados jugando con los diálogos de los filmes nominados y sucumbiendo al humor lineal. El hecho de incluir un homenaje a ‘Regreso al futuro’ y al mítico DeLorean fue todo un gesto de intenciones. Pero ahí se acabó el encanto de la pareja. Sus esporádicas apariciones fueron insubstanciales, sin complicidad, estáticas y deslucidos. Su ‘speech’ de presentación se ciñó a hacer humor blanco y sin lustre sobre la madre de Hathaway y la abuela de Franco, que llamó Marky Mark a Mark Wahlberg. Vamos, unas risas… Ricky Gervais entregó en los Globos de Oro una ración de mala hostia e ingenio maravillosa. Los Oscar, para compensarlo, dieron la de cal y el aturdimiento impostado que se avecinaba. La escenografía, eso sí, siempre luce descomunal y titánica en ese coliseo de los sueños que es el Kodak Teathre de Los Angeles. Tom Hanks emergía para presentar, bajo los acordes de ‘Lo que el viento se llevó’, los premios dirección artística y fotografía, mencionando otros títulos que también recibieron sendos Oscar que el presentaba (sic).
Lo mejor de la noche llegó muy pronto. Rescatar del olvido a Kirk Douglas, enseñarle al mundo y entregar el momento más emotivo y deslumbrante de la noche es impagable. El icónico actor, mito entre los mitos y testigo viviente de aquel Hollywood de Oro perdido en la memoria de un cine inalcanzable, salía a escena con sus 94 años. Con humor, desvarió con el sutil ‘viejoverdismo’ al aludir a la sugerente Hathaway, hizo un par de bromas sobre Hugh Jackman (no fue la única) y de la flema británica de Colin Firth y se mostró olvidadizo y divertido a la hora de mencionar a la ganadora de la mejor actriz secundaria. Melissa Leo subió a por su estatuilla por ‘The Fighter’ para posar exageradamente histriónica, falsamente emocionada, dando gracias a diestro y siniestro. “I watched Kate (Winslet) two years ago, it looked so fucking easy! (Vi a Kate hace dos años, parecía jodidamente fácil”), salió de su boca. Todo el mundo se llevó las manos a la cabeza. Era la primera vez en 83 años que alguien decía un taco ante los millones de espectadores que siguen la gala.
Justin Timberlake y Mila Kunis presentaban el mejor corto de animación. La rapidez y la sobriedad parecían ser las pautas a seguir de una gala fulminante y atropellada. La protagonista de ‘Amor y otras drogas’ comenzaba el desfile de modelos que reiteraría a lo largo de la noche. Se perdió de la cuenta de cuántas veces se cambió durante la ceremonia. Josh Brolin y Javier Bardem aparecieron vestidos con un horrible traje blanco, como si los camareros del ‘backstage’ hubieran salido a ver qué pasa y dejaron los nombres de los ganadores a los mejores guiones; original (por decir algo) para ‘El discurso del Rey’ de David Seidler (por encima de Nolan y su ‘Origen’ y abriendo la guía de lo que sucedería después) y adaptado para la esperada ‘La red social’, donde Sorkin dejó su impronta verborreica y docta. Hathaway canta a Jackman, recordando que el actor de ‘Lobezno’ sí estuvo a la altura que fue el conductor del evento y este año lo único “divertido” es ver a Franco salir vestido de Marilyn. Tras el sopor, ‘Toy Story 3’ se convierte, con toda lógica, en la mejor película de animación del año. No hubiera sido ningún escándalo que también hubiera ganado el Oscar a la mejor película. No obstante, es la mejor película de 2010. De este premio no sorprende el moderado discurso de Lee Unkrich, sino el escote escandaloso y desbocado de la mujer de John Lasseter.
Que la película danesa de Susanne Bier recogiera el Oscar como película extranjera por encima de ‘Canino’ también responde más a movimientos de marketing que a calidad. La directora de ‘Brothers’ subió al escenario y sostuvo el premio con una agitación a medio camino entre las ganas de ir a mear, un ligero Parkinson y movimientos de cabeza como si fuera un peligroso negrata del Bronx. La barbilla brillante de Reese Witherspoon fue la encargada de concederle el Oscar al mejor secundario a un Christian Bale con barba roja, al único que musiquilla que suena si te haces un poco pesado en tus agradecimientos no aparece, compartió el premio con Dickie Eklund y Mickey “Irish” Ward, hermano y boxeador que inspiraron el filme ‘The Fighter’. Tom Sherak, presidente de la Academia de Hollywood sale no a dar un discurso sobre cine, sino a hacer la pelota a la cadena ABC, con la que han renovado para emitir la gala en exclusiva hasta el año 2020. Esto… Bueno, por atraparte, el creador de NIN, Trent Reznor y Atticus Ross se llevan el de mejor música original por ‘La red social’ de manos de una Nicole Kidman que empieza a recuperar su gesto humano y un Hugh Jackman cuyos músculos apenas entran en su traje XXXL. La gala empieza a hacerse tediosa por momentos. Incapaz de dar un ápice de espectáculo o interés. Todo parece sacado de un mal guión temporizado donde está prohibida la diversión o el ‘gag’.
Sobre el escenario, en premios considerados menores, Scarlett Johansson, Marisa Tomei (abonado a los muy importantes Irving G. Thalberg) y Cate Blanchertt lucen palmito y belleza. La diseñadora de vestuario Collen Atwood ganó por ‘Alicia en el País de las maravillas’ e hizo gala de ser una maestra de la chuleta. Cuando sacó un papelito todos creían que iba a agradecer de forma sucinta. Cuando el discurso se alargó, todos se miraban absortos preguntándose cómo diablos puede entrar todo el texto en semejante nota. En el cómputo transitorio, ‘Origen’ se estaba llevando los Oscar técnicos, todos ellos muy agradecidos, excesivamente agradecidos por sus artesanos “al arte, al talento, a la genialidad, a la deidad…” de un Christopher Nolan que miraba desde el patio de butacas cómo ésos iban a ser los únicos premios que caerían en su pedrea de nominaciones convertidas en premio. En un ‘clip’ en que gente de la calle menciona su canción favorita ganadora de los Oscar, el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, alude a la suya, la de ‘Casablanca’. Obviamente, porque la cantaba un negro. Y por el simbolismo romántico, claro está.
Otro de los vídeos musicales que pretendía que lo ánimos del personal y los espectadores salieran del estado catatónico y aterido en el que se encontraban tampoco funcionó, por mucho que el montaje hiciera sus gracias con cintas como ‘Harry Potter’, ‘Toy Story 3’ o ‘Crepúsculo: Eclipse’. El ganador al mejor corto de ficción, Luke Matheny con ‘God of love’ surge del público con un peinado que recuerda a esa peluca afro del anuncio del 11811 y un aire de ‘nerd’ sacado de una película de Jared Hess. Una rotundísima Oprah Winfrey, una de las mujeres más poderosas del planeta con razones poderosas, tanto que podría interpretar a Josiane Tanzilli en un ‘remake’ yanqui de ‘Amarcord, presentó con circunspección el mejor documental. Ganó ‘Inside Job’, en el que Charles Ferguson dejó la frase de la noche “No entiendo cómo en tres años de crisis mundial, ningún ejecutivo financiero está en la cárcel. Y también, junto a Audrey Marrs, ilustró el agradecimiento perfecto que cualquier premiado debería seguir como paradigma de la corrección y el tiempo.
Cuando la cosa estaba fatal, aparece en el escenario Billy Cristal para recordarnos, con su presencia, con su ironía y su perspicacia, que sus presentaciones fueron lo mejor que ha tenido esta gala en décadas. Empequeñeciendo a Hathaway y Franco, que ya ni se miran sobre el atril. Alude a que existen los problemas de siempre “vamos mal de tiempo”. No es verdad, pero lo parece. Rememora al maestro de ceremonias más clásico: Bob Hope presentó el evento del lujo y oropel cinematográfico en dieciocho ocasiones con una ofrenda a modo de holograma. La presencia de Cristal es tan efímera que trae a la memoria los buenos tiempos en que él era el encargado de hacer brillar hasta la gala más aburrida. Después de que una talentosa Gwyneth Paltrow diera un recital de versatilidad cantando un tema de la película ‘Country Strong’, Randy Newman, el eterno nominado (20 ocasiones) se lleva su segundo Oscar por la canción ‘We belong togheter’, de ‘Toy Story 3’. Bromeó sobre su veteranía y se preguntó, como todo el mundo, porque la categoría de mejor canción, como otras, sólo tiene cuatro aspirantes en vez de cinco. Si el espectador no tenía poco con soportar a esas alturas de la ceremonia la indolencia de un estatismo desolador, llega Celine Dion y se marca su particular versión y horrorosa versión del ‘Smile’ de John Barry para ‘Chaplin’ que acompañó al vídeo ‘In memoriam’ que recuerda a los miembros de la gran familia del cine que se han ido para siempre a lo largo de 2010. Se olvidan de Berlanga, pero no de Chabrol. Desde aquí, quiero apuntar al siempre avispado Jaume Figueras (que colaboró retransmitiendo en la Cadena Ser) que tanto Jean Simmons como a Eric Rohmer ya aparecieron en el vídeo de recuerdo y ofrenda del año pasado.
Halle Berry sale estupenda. Como siempre. Recuerda a Lena Horne, legendaria actriz y cantante afroamericana que fue la primera en firmar un contrato largo con una gran productora. Todos aplauden. Qué bien han quedado en una ceremonia en que ni un solo intérprete de color ha sido nominado al Oscar. Por restar emoción han dejado fuera el Premio Honorífico. Total ¿para qué perder el tiempo dedicándole unos minutos a gente como Kevin Brownlow, Eli Wallach o Francis Ford Coppola? Es mejor que salga esa señora que gana con los años como es Annette Bening, les presente, se les aplauda en pie, que saluden sin decir nada y retirarlos como a piezas de museo. Vergonzoso e incomprensible.
Nada podía ir peor. Y para colmo, la organización hace que Anne Hathaway presente a Hillary Swank, que a su vez presenta a una arrebatadora Kathryn Bigelow para que dé el gran disgusto de la noche. El ganador a mejor director es para Tom Hooper, un sosias rejuvenecido de James Cameron, por ‘El discurso del Rey’, ante la mirada de un David Fincher que va camino de convertirse en el nuevo Scorsese en su ninguneo por parte de la Academia. Hooper lanza su soflama de agradecimientos. Su conclusión. “Escuchar a vuestra madre”. La mía me dijo hace unos días que ‘La red social’ se convertirá en un clásico que releja el tiempo concreto en que vivimos y que ‘El discurso del Rey’ no es más que una película mediocre bien narrada y mejor interpretada. Tienes razón, Hooper, toda la razón.
A esa altura de la noche, que viene con mucho adelanto respecto a otras ediciones, aunque no se note en absoluto, sólo quedan los “premios gordos”. Para las categorías del mejor actor y mejor actriz se ahorran el numerito de esas cincos personalidades que hablan maravillas en un discurso impostado sobre cada uno de los nominados. Ahora, recuperan al intérprete ganador del anterior año para que le caiga el marrón a él sólo de tener que elogiar el trabajo actoral de los nominados. El grandioso Jeff Bridges es el mejor. Y así lo proclama con sus palabras hacia las cinco actrices. Por supuesto, es Natalie Portman la que obtiene el Oscar por ‘Cisne negro’. Mucho más moderada en su exultación que en los Globos de Oro, en su discurso de agradecimiento nombra incluso a los operadores de cámara. Se lo merecía. Hathaway, mostrando el enésimo cambio de vestido, presenta a Sandra Bullock, que pronuncia unas palabras de todos los compañeros de profesión nominados. Obviamente, Colin Firth sube a por su reconocimiento por ‘El discurso del Rey’. Y menos mal que no tartamudeó, porque entre su insistente discurso de fondo en el que aludía a que se cagaba y la seriedad con la que agradeció extensamente, tomándose su tiempo, alargando aún más la ceremonia, la cosa parecía no terminar nunca.
Sólo quedaba el de mejor película. El Oscar de Hooper ya dejaba muerta la emoción, del mismo modo en que ésta falleció en el minuto 20 de la gala. Por si fuera poco, Steven Spielberg presenta un clip de las diez nominadas en las que la arenga final de la película producida por los Weinstein protagoniza y se superpone a las demás cintas aspirantes. ‘El discurso del Rey’ gana. Los productores agradecen. Ningún Weinstein sube al escenario porque saben que ya han logrado el objetivo de comprar otro Oscar a la mejor película. Y van… La noche se acaba. Por fin. Sin embargo, queda otra insufrible sorpresa a modo de terrible y melindroso colofón de ‘happy end’. Al escenario suben un montón de niños vestidos de colores que pertenecen al coro de State Island que cantan el ‘Somewhere Over the Rainbow’ en el mismo instante en que todos los ganadores suben al escenario con su Oscar como si de un festival de cortometrajes se tratase.
La gala llega a su fin. Conclusión: ha sido la ceremonia de los Oscar más rápida. O al menos de las que menos tiempo han consumido. Fundamentalmente porque los cortes publicitarios han sido breves y porque han evitado vídeos, diálogos con gracia, originalidad, espontaneidad y no ha habido ninguna anécdota destacado. A cambio, dejan, desde que, subjetivamente recuerde desde que veo los Oscar (allá por 1986), la peor y más infumable gala que se haya visto en mucho, mucho tiempo. A su lado, incluso los Goya de este año, incluso los que presentó Antonia San Juan, pueden hacer competencia a esta bochornosa velada llena de previsibilidad, simpleza y linealidad bien interpretada por sus presentadores, pero sin más. Un poco como la esencia de ese ‘El discurso del Rey’ que ha ganado. El año que viene lo tienen muy fácil para superarse. Si no, es que esta pantomima en la que se ha convertido la celebración hollywoodiense del cine, ha muerto por completo. Ayer agonizó, veremos qué sucede en posteriores ediciones: ¡Fucking Oscar!
LO MEJOR
- Kirk Douglas, la última gloria viva del Hollywood Clásico. Aquel que sabía crear obras maestras, clásicos inextinguibles ah, y ceremonias de los Oscar.
- Billy Cristal. Por favor: ¡VUELVE! Haz que este bodrio no vuelva a producirse. Haz un esfuerzo, devuélvenos aquéllas noches míticas.
- La belleza destilada por algunos rostros de la noche que lucieron su mejor rostro en la alfombra roja y en el interior del Kodak Theatre; en especial Scarlett Johansson, Hailee Steinfeld, Jennifer Lawrence, Mila Kunis, Halle Berry, Helen Mirren, Cate Blanchett, Hilary Swank y la gran triunfadora y embarazada Natalie Portman.
- Rick Baker, que sigue como el primer día. Recogiendo Oscar como lo que es, el mejor especialista de ‘make up’ que ha tenido Hollywood.
- Randy Newman, que con simpatía y su rostro entrañable acude cada año a cantar su canción con su inseparable piano. 20 nominaciones y se lleva su segundo Oscar a casa.
- Charles Ferguson y Audrey Marrs y su discurso.
- Que se acabara la gala.
LO PEOR
- La gala. Toda ella. De principio a fin. Una de las exhibiciones más bochornosas y aburridas que se han dado, posiblemente, en la Historia de estos premios.
- La retransmisión de Canal + con Ana García Siñeriz a la cabeza (acabó pidiendo “porras” porque no aguantaba más y dejó algunas perlas de estolidez como en ella es característico en estas retransmisiones). Aún así, le da vida y humor absurdo e involuntario a estas noches. Tampoco ayudaron a la catástrofe Juan Zavala (ese hombre sin gracia que se parece a William Mapother) y el humor trasnochado de Pepe Colubi, que aludió constantemente a James Franco como “porrero” cuando sus chistes parecían sacados de alguien que lleva encima una noche de excesos chungos, con “gracias” sobre niños vietnamitas explotados, phoskitos, llamando a Mila Kunis “Culi lunguis”, etc, etc. Por no mencionar a los invitados que iban interviniendo esporádicamente en la fiesta del Círculo de Bellas Artes montada por el canal de pago.
- La falta de química entre James Franco y Anne Hathaway.
- Que no haya asistido Ben Stiller. Era el único que intentaba salvar los muebles en anteriores años. De hecho, podría ser el próximo presentador de estos premios. Un opción más coherente. O Ricky Gervais. Visto lo visto…
- Otra vez, Celine Dion.
- La cara de Fincher, avizor y discreto, viendo lo que se iba a venir. No tendrá otra como esta en años. Y lo sabe. Tampoco importa.
- Que ‘Toy Story 3’ sólo se fuera con dos Oscar.
- Los pendientes de Natalie Portman, que parecían las borlas de las cortinas señoriales y trasnochadas de los hoteles de lujo y casa de tías ricas.
- El exceso de rayos uva del bronceado Matthew McConaughey.
- La falta de ESPECTÁCULO, señores. Eso que siempre estaban acostumbrados a ofrecer y que este año, más que nunca, ha brillado por su ausencia.