jueves, 1 de septiembre de 2011

'3665': Ha llegado la hora...

Nunca había estado tan nervioso como lo estoy estos días. No es una cuestión de ilusión, de expectativas o de frenesí porque vamos a volver a rodar después de nueve años. Mentiría si dijera que no es así. Casi una década alejado de mi gran sueño y de mi pasión que es el cine, con una necesidad constante de crear historia y narrar algo visualmente. A pesar de estar al borde del colapso por el devenir de la producción más difícil que voy a acometer en mucho tiempo. He tenido que administrar y supervisar cada hilo que compone este tejido en forma de cortometraje, donde nada ha ido como debía para recomponerse una y otra vez, mutando para vivir y convertirse en un cortometraje lleno de dificultades a superar. Con ello, voy sintiendo ese gusanillo tan difícil de explicar. Han sido días agónicos, sin respiro, con mil preocupaciones que han asolado mi existencia y que me han impedido conciliar el sueño, estando a punto de descuartizar la esperanza que hemos depositado en todo este engranaje que empezó como algo sencillo y que, como todas las cosas de la vida, se ha complicado hasta crecer y tomar vida propia. Tanto que ahora lleva las riendas de todo lo que sucede a mi alrededor, como un monstruo que te posee y te dicta el devenir de cada acción que perpetras.
“Una historia corta post-apocalíptica…”. Así comenzó todo. Y ahora no hay marcha atrás. Nos hemos metido en un fregado de tres pares de cojones, que nos ha superado y me ha sumido en un maravilloso infierno dentro del Abismo. Tanto sufrimiento sin caer en el desánimo es un reto que agota hasta la extenuación, pero en este caso da alas para seguir adelante, sin mirar atrás, sabiendo que la recompensa merecerá la pena. Sin embargo, el reto no ha hecho más que comenzar y hay que procurar ganar una hermosa guerra. Como dijo Samuel Fuller en ‘Pierrot el Loco’: “El cine es como un campo de batalla: amor, odio, acción, violencia y muerte, en una palabra: emoción”. Dado que estamos a unas horas para empezar uno de los viajes más fascinantes de los últimos años, tengo que recomponerme y erigirme de nuevo como aquel chaval con ambición que un día decidió contar historias y que es hoy una sombra de sí mismo que quiere recuperar aquel empeño y tenacidad. Desde lo más profundo de mí, la necesidad impera y plantea un desafío que se presenta ineludible. Y es entonces cuando el desasosiego pasa a ser una luz en la oscuridad, la misma que inaugura una ficción en forma de historia. Otra vez en las trincheras de un rodaje, en la esencia de la vida, en la felicidad absurda que produce la angustia y la presión de este tipo de situaciones. Ha llegado la hora de regresar… y eso es ahora lo único que importa.
Pronto tendréis noticias. Hasta entonces… vamos a rodar.