lunes, 27 de febrero de 2012

84ª Edición de los Oscar

'The Artist' gana sin ninguna sorpresa en una gala resucitada
Sobria, eficaz, con ritmo y acomodada para no aburrir ni fascinar. Así podríamos definir la 84ª edición de los Oscar de la Academia de Hollywood. Realmente el hecho que Billy Crystal regresara suponía un agradable lenitivo para paliar los desastrosos eventos anteriores. La noche de los Oscar llevaba tiempo, mucho tiempo, bajando el listón hasta límites insospechados. Lo de anoche no es que pueda decirse que fuera apoteósico ni trufado de genialidades. Sin embargo, todo salió a pedir de boca. Sin ir más lejos, el año pasado las cotas de bochorno marcaron un antes y un después de estos reconocidos premios.
Al menos en esta ocasión, fuera de toda duda, asistimos una gala vistosa, milimétricamente estudiada y ejecutada. Sin sorpresas aparentes. Y eso, a la postre, fue lo peor de todo. La nota provocativa ya la puso Sacha Baron Cohen, que caracterizado de su personaje autocrático de ‘El Dictador’, esparció las cenizas de Kim Jong-il en la alfombra roja, siendo inmediatamente expulsado del recinto. A la Academia, este tipo de humor insurrecto no le gusta.
El bueno de Crystal se echaba de menos, aunque no vamos a decir que esta fuera una de sus veladas más antológicas. Estar por encima del nivel mostrado por Alec Baldwin y Steve Martin o esa infamia que perpetraron el año pasado Anne Hathaway y James Franco le hacía muy fácil la labor al actor de ‘Cuando Harry encontró a Sally’ para recibir la aprobación y el aplauso de crítica y público. Estuvo como siempre; resolutivo, divertido, respetuoso y abogando por la discreción y el humor despojado de controversia y cinismo. Su orquestación llevando la batuta del ‘show’ responde a su sello, a la marca de la casa. Comenzó con su mítico videomontaje integrándose en algunas de las películas nominadas (beso a George Clooney incluido, disfraz loco de Tintín, cameos de Justin Biber y Tom Cruise) con la brillantez de antaño.
Después inició su todavía más clásico canción presentando las películas nominadas de este año aludiendo con humor a directores y protagonistas. A partir de ese instante, dio paso a los presentadores soltando algún chiste o ‘gag’ sin entorpecer el transcurso de la ceremonia. Crystal en ese escenario colosal que siempre luce descomunal y titánico, un coliseo de sueños antojadizos en forma de estatuillas que es el Kodak Teathre de Los Angeles, siempre es un presentador impecable. Es el mejor maestro de ceremonia que ha tenido este cotarro en los últimos años. Él lo sabe. Nosotros también. Son nueve las ocasiones en las que ha llevado las riendas de los Oscar.
Como el año pasado, el primer premio lo entrega Tom Hanks. A ‘Hugo’, de Martin Scorsese, le cae el primero ante la incredulidad de muchos. Robert Richardson obtiene el galardón a la mejor fotografía cuando todos sabemos que el trabajo de Emmanuel Lubezki en ‘El árbol de la vida’ podría haber sido la opción más lógica. Por supuesto, esta noche también empezábamos a olvidarnos de la posibilidad de unos premios coherentes a la altura de las películas que había nominadas. El segundo de la noche también es para el filme de Marty, esta vez más adecuado, con la gran propuesta de dirección artística que ofrecen Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo en el mencionado filme. Acababa de comenzar la gala y había pleno momentáneo. Seguidamente, lo obvio: ‘The Artist’ ganaba el de mejor diseño de vestuario. Ya por entonces las esperanzas sobre alguna sorpresa inesperada se habían esfumado.
Es cierto que la noche, a partir de ese momento, se transformó en un dictado donde todo estaba escrito y corregido, sin apenas momentos destacables que quedaran como recuerdo en los fastos de los premios. A cambio, la premura estaba siendo el mejor aliado de la noche. Jennifer Lopez y Cameron Diaz revolucionaron el escenario como dos amigas que llegan de copas a alterar con cierta extravagancia la fiesta, dando la espalda al público y entregando el premio al mejor vestuario. Por su parte, Sandra Bullock, de botox hasta las cejas, intentó crear ambiente risueño hablando en chino y alemán para presentar el Oscar a la mejor película extranjera. Nadie pilló la gracia. La esencia ecuménica roza el ridículo, pero como gana la gran favorita, la iraní ‘Nader y Simin, una separación’, la gala recupera la compostura con el fabuloso discurso de Asgha Farhadi, que lanza una declaración de intenciones con un hermoso manifiesto donde prevalecieran la coherencia, la defensa del cine y la paz por encima de ideologías políticas e injusticias varias.
El siguiente premio otorgado a Octavia Spenser de manos de ese tipo anticomedia llamado Christian Bale por ‘Criadas y señoras’. La actriz afroamericana fue la primera en levantar al público de los asientos y transforma su momento en uno de los más emotivos de la noche al aflorar sus lágrimas y sus nervios. Después de un ‘sketch’ de Christopher Guest sobre los ‘screen tests’ que no logra más que las miradas de ‘What the fuck!’ del personal, llega el que sería premio más inesperado de la noche. La Academia, siempre consciente de introducir alguna imprevista nota de heterogeneidad en sus premios, retribuye la trepidante labor de montaje de Angus Wall y Kirk Baxter en ‘Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres’ que suben alucinados. Habían ganado el Oscar el año pasado con ‘La red social’ y lo flipan hasta tal punto que improvisan un discurso carente de toda lógica. Seguro que lo celebraron por todo lo alto. La rana Gustavo y la cerdita Peggy presentan la actuación del Circo del Sol, que deja a todos con la boca abierta en un juego de arneses, acrobacias circenses y espectáculo genuino de estos magos de las piruetas.
En ese momento, irrumpen en el escenario Robert Downey Jr. y Gwyneth Paltrow, los Tony Stark y su bella secretaria Pepper de ‘Iron Man’ para, entre juegos con una ‘steady cam’ (simulando rodar un documental) dar el Oscar a ‘Undefeated’, que esta producido por los hermanos Wenstein, que también saben mover hilos para acumular muñecos dorados en otras categorías que no sea a mejor película. Eso llegaría después, cuando ‘The Artist’ se hiciera con los Oscars más suculentos de la noche. En todo caso, los directores del documental emulan a Melissa Leo el año pasado y uno de ellos suelta un ‘fuck’ por el que se disculpa rápidamente. Cuando todo es tan decoroso que hasta parece caer en la indolencia un tanto molesta debido a la rapidez con la transcurría la noche, el seguro cómico que siempre es Ben Stiller aparece en el escenario. Este año parece que no tiene numerito montado. Le deja la vis cómica a la joven Emma Stone, que aguantó como pudo con la ayuda irónica de un Stiller del que se echó mucho de menos los disfraces y paridas. Pero precisamente el fondo humorístico iba de eso. La categoría de película de animación, en la que tantas esperanzas había depositado el cine español con Fernando Trueba y Javier Mariscal con ‘Chico y Rita’, va a parar a las manos de Gore Verbinski y su ‘Rango’.
Para entonces y antes de que una Melissa Leo sin sobreactuar ni decir tacos entregara el Oscar al mejor secundario al elegante Christopher Plummer por su papel en ‘Beginners’, ‘Hugo’ ya llevaba más Oscar en el transcurso de la noche que ‘Uno de los nuestros’ y ‘Toro Salvaje’ juntos. Baremo que orienta la nula trascendencia de estos premios donde el oropel y la futilidad se han instalado de forma perenne. Los discursos de agradecimiento son tan expeditos y vertiginosos que cuando un hombre de cine como Plummer alarga en el suyo, todo está muy por debajo del tiempo estipulado. Hollywood es así. Allí, Lluís Homar no hubiera llegado a agradecer ni a una cuarta parte de toda la gente a la que dedicó el Goya. Owen Wilson y Penélope Cruz, que sigue dando muestras de un inglés muy “a su manera”, fueron los encargados de encauzar lo que todos sabíamos. Si música de Ludovic Bource ‘The Artist’ (que fusila partes del ‘Vértigo’ de Bernard Herrmann) ganaba, los restantes premios que quedaban por repartir en las categorías mayores serían para la película de Michel Hazanavicius. Y de hecho, así fue.
Will Ferrell y Zach Galifianakis aparecieron haciendo el bobo con unos platillos y vestidos de esmoquin blanco níveo, juegan con los asistentes y logran hacer que su ‘gag’ resulte efectivo para entregar el premio a la mejor canción. Con sólo dos candidatas, uno se lo puede jugar a cara o cruz sabiendo que tiene un 50% de acierto. Y se lo llevó la canción de ‘Los teleñecos’ (¿para qué decir ‘The Muppets’?).
Que Alexander Payne (que incluso se acuerda de Javier Bardem en su discurso de agradecimiento), Nat Faxon y Jim Rash obtuvieran el Oscar al mejor guión adaptado con ‘Los descendientes’ fue bastante coherente. Estos premios los entrega una Angelina Jolie que, por su físico, parece ‘La Novia Cadáver’. También (aunque con más impugnación) que ‘Midnight in Paris’ lo hiciera al mejor guión original. Claro, que Woody Allen, que se llevó el de guión original, no fue a recogerlo porque, en teoría, estaba tocando el clarinete o… a la hija adoptiva de Mia Farrow y André Previn.
Tras la entrega de los premios a los cortometrajes por parte del equipo femenino de ‘La boda de mi mejor amiga’, Michael Douglas sale al escenario bajo las notas de la partitura de ‘Instinto básico’. Tiene una carrera intachable como actor y productor, sin embargo le va a quedar el sambenito de aquel agente de policía adicto al sexo de la película de Verhoeven. El director recae en Hazanavicius por ‘The Artist’, que agradece a todo el mundo, incluido al perro de la película, pero se olvida de su mujer, la protagonista del filme Berenice Bejo.div>
Antes, el Oscar Honorífico era un momento especial para reverenciar a personalidades trascendentales en la Historia de Hollywood, con su vídeo, su emotiva presentación y el agradecimiento de una personalidad reconocida y venerada del Séptimo Arte. Ahora, despachan varios a la vez, los homenajeados saludan a la platea con la mano y “adiós muy buenas”. Este año; Oprah Winfrey, James Earl Jones y Dick Smith son los premiados. Tampoco se entiende esa canción en directo para el ‘In memorian’, el vídeo dedicado a toda esa gente del cine que ha fallecido durante el año. Si el año pasado fue Celine Dion quien se marcara su particular versión y horrorosa versión del ‘Smile’ de John Barry para ‘Chaplin’, este le ha tocado el turno a Esperanza Spalding (y no olvidemos a ¡¡la Coral de Niños de Carolina del Sur!!) con el ‘What a wonderful world’, de Louis Armstrong.
Los encargados de documentación de la Academia sobre destacadas muertes deben cobrar poco o estar un poco achispados cuando hacen el recuento porque, al igual que en la pasada edición, se olvidaron de unos cuantos; Teo Angelopoulos, Raoul Ruiz, Pedro Armendáriz o Marilyn Chambers, entre otros. Ahí es nada.
A esas alturas de la noche sólo quedaban los premios gordos, que iban a ser para ‘The Artist’. Con gran acierto se ha eliminado esa fase en la que cinco actores apoyaban con unos elogios y mucho peloteo a los respectivos nominados. Ahora no. Y gracias. Una estupendísima Natalie Portman se encargó de presentar los de mejor actor. Mientras introducía a Jean Dujardin, el ganador final, éste tenía atender la traducción de su acompañante dejando ver que no tiene ni puta idea del idioma de Shakespeare. Eso sí, cuando subió, no dejó de farfullar ese inglés afrancesado e incluso dar un par de voces. Con lo bien que está en el silencio del filme que le ha encumbrado a la gloria. El momento de emotividad interpretativo, por supuesto, no iba a ser ése. Muchos fantaseábamos con que un émulo de Jack Palance, previa flexiones con un solo brazo, hubiera abierto el sobre y nombrara a... Rooney Mara. Pero no.
Como estaba cantado (y muy merecido) Meryl Streep recibió de manos de Colin Firth, 29 años después, el Oscar a la mejor actriz por ‘La dama de hierro’. “Oh, no, ella otra vez” deberéis pensar “Me da igual”. Streep estuvo encantadora, primero acordándose de su marido en primer lugar “que luego suben la música y no se oye” y después dedicándole el premio a su peluquero de siempre, Roy Helland, su estilista desde hace más de tres décadas y que había recogido su estatuilla un par de horas antes por la misma película.
El restante… ya sabe. Tom Cruise abrió el sobre y sí… ‘The Artist’. Todos subieron, previo abrazo y palmadas con uno de los Weinstein, agradecieron, el perro hizo un par de acrobacias y hala, tan contentos. Otro Oscar que ejemplifica la tendencia de Hollywood a concretar la gloria a películas que pasarán a los fastos como olvidables filmes simpáticos, pero efímeros. Cintas que suscitan el interés del público, divide a la crítica y en un par de años está más que olvidada.
El Oscar es producto de ese productor experto en conseguir Oscar a manos llenas, Harvey Weinstein, cuando descubrió el filme de Hazanavicius y decidió que sería su película “estrella” para ganar Oscar. El año pasado fue ‘El discurso del Rey’, hace tiempo… ‘Shakespeare in love’. Con ‘The artist’ cierra una trilogía con mogollón de Oscars que responde a la perfección a la política de distribución de la compañía. Por resultar predecible, hasta el discurso del director francés quedó en un émulo de aquel mítico Trueba diciendo que “le gustaría creer en Dios para dedicárselo, pero sólo creía en Billy Wilder”.
Las dos películas que más Oscars han acumulando ‘The Artist’ y ‘Hugo’ (ambas con cinco galardones) son homenajes al mundo del cine; uno desde la pirueta aprovechada y rigurosa al cine mudo, ejercitada desde el detallismo y eliminando el factor riesgo de una obra que, sin ser una gran película, aprovecha muy bien sus cartas. La otra, desde la fascinación de un mito que simboliza la grandeza del cine y la pasión de una profesión que encuentra en su nombre a uno de sus deidades. Y así se acabó una noche de ritmo adecuado y que dejó, sin grandes alardes, la resurrección de una gala que parecía muerta. Billy Cystral es así. Esperemos que el próximo año repita y cumpla sus diez ceremonias, entrando más en calor y reviviendo sus mejores momentos. Este año, al menos, ha acedecentado la gala con divinidad. Algo que venía faltando en los últimos tiempos. Todo correcto. Todo plausible.
LO MEJOR
- El videomontaje presentado por Morgan Freeman y que recuperaba la esencia carismática y tan demandada de Billy Crystal. El gran anfititrión volvió a casa y nosotros lo agradecimos.
- Nick Nolte.
- El escote de Jennifer Lopez, que dejó ver algo más de lo que la actriz y cantante hubiera deseado.
- Toda la platea puesta en pie para ovacionar a Octavia Spenser y Christopher Plummer.
- Por no ser menos, Uggie, el perro de ‘The Artist’, que es lo mejor de la película y toda una atracción.
- Meryl Streep.
- Natalie Portman, Milla Jovovich, Jessica Chastain, Emma Stone, Rooney Mara y Judy Greer. Todas fantásticas en la alfombra roja y que dieron la nota de belleza a la gala.
- Que Melanie Griffith, al contrario que en los Goya, sí se enteró de todo. O al menos, de casi todo.
- El abrazo no captado por las cámaras en el patio de butacas entre Spielberg y John Williams.
- La carencia de vídeos cinematográficos y ‘clips’ con gente de cine hablando de cine. Siempre le dan otro toque a este tipo de saraos.
LO PEOR
- La delgadez huesuda de un rostro mítico como el de Angelina Jolie, enseñando la pierna, sí, pero para ver ¿qué?
- No por peor, si no por desoncertante y ‘freak’, fue la siniestra presencia de la hermana Dolores Hart, en su día actriz de éxito en Hollywood y hoy monja benedictina de la Abadía de Regina Laudis en Bethelehem y que apoyó el documental ‘God is the bigger Elvis’.
- La sosería de algunas presentaciones. Hacía falta más guión, más humor, más chispa. En eso, los americanos son unos expertos.
- Sin cebarme mucho debido a su inexperiencia y la voluntad de mejora, la retransmisión de Manuela Velasco para Canal +. No se enteraba de si tenía que entrar la gala o no. Cortó a invitados como Jon Sistiaga para un segundo después decir que aún no iban en directo al Kodak Teathre, contaba anécdotas que poco importaban, predisponía valoraciones según intereses… Ante la mirada de un Pepe Colubi que este año, cual descafeinado Rick Gervais, no fue ni la sombra de lo que supuso el año pasado (ni tanto, ni tan calvo). Tampoco ayudó el refresco de David Broncano. Echamos de menos la absurdez involuntaria de Ana García Siñeriz y a Jaume Figueras.
- La previsibilidad de los premios.
- Que no hubiera más juegos en el escenario entre Crystal y los presentadores.