lunes, 21 de mayo de 2012

Review 'Los Vengadores (The Avengers)', de Joss Whedon

El más difícil todavía
Joss Whedon fusiona las franquicias ‘marvelianas’ en un nexo común adoptando con fidelidad el espíritu de Lee y Kirby en una trama global que entrelaza todo lo visto hasta la fecha y cuya avidez por la fascinación resulta incombustible.
La gran pregunta cuando se comenzó el ciclópeo proyecto de ‘Los Vengadores’ era si Joss Whedon era la mejor opción para llevar a la pantalla el filme más ambicioso y titánico del subgénero superheroico. Con una sola película a sus espaldas como director con hordas de fans como es ‘Serenity’ y una consolidada figura en el mundo televisivo gracias a series ‘Buffy cazavampiros’ o ‘Firefly’, Whedon ha sabido ganarse un puesto importante dentro del mundo cinematográfico con guiones de cintas como ‘Toy Story’ o ‘Titan A.E.’ y produciendo pequeñas reliquias como la web serie ‘Sing-Along Blog de Dr. Horrible’ y la paródica cinta ‘gore’ ‘Cabin in the Woods’, así como firmante de guiones de cómics de la saga ‘Astonishing X-Men’.
Whedon realiza aquí que el gran salto a las grandes ligas, a la megaproducción más costosa de los últimos tiempos. Su gran capacidad como especialista en la construcción interna del héroe y su raigambre manifiestan una notoria erudición de la cultura popular a la hora de levantar con coherencia y cautela esta colosal construcción de carácter comercial que responde a la idiosincrasia del ‘blockbuster’ en toda regla. Se trata, por tanto, de reunir en un mismo corral a los factores más importantes del último cine de superhéroes; Iron Man, Thor, Capitán América, Ojo de Halcón, Viuda Negra y Hulk y componen el mosaico sideral dentro de una especie de cumbre superheroica compuesta por lo mejor de cada saga ‘marveliana’. Un ‘all star’ cuya funcionalidad se ciñe a mantener la cohesión de todos sus elementos y no fragmentar la grandeza común antes que sobreponer los rasgos distintivos y unitarios. Lo difícil era dotar de protagonismo, a partes iguales, a cada miembro de este equipo galáctico de grandes figuras. Y vaya si se consigue.
La línea argumental no presenta complejidad aparente: El mundo llegará a su fin si Loki, un semidiós desterrado y hermanastro de Thor se hace con el Teseracto, una especie de cubo que funciona como fuente de energía capaz de abrir portales espaciales y que provoca las ansias del villano por conquistar el planeta y dominarlo junto a un ejército de Chitauris, una raza alienígena bastante cabrona. Lógicamente es cuando Nick Furia, intendente del S.H.I.E.L.D. pretende impedir los siniestros planes de Loki reuniendo a los Vengadores, un grupo formado por los superhéroes antes mencionados. Una familia bien avenida con toques de disfuncionalidad que concretan la argucia comercial de Marvel y sus anteriores tentativas por dibujar un plantel de filmes genéricos que no han sido más que un anticipo que tiene su eclosión aquí. Los pequeños elementos presentados a lo largo y ancho de las películas que preceden a esta colosal reunión toman forma concreta como piezas de un puzzle que encajan y fusionan las franquicias en un nexo común disfrutado como un colofón festivo y desmadrado.
Como guionistas, el propio Whedon, junto a Zak Penn, han hecho un espléndido trabajo trasladando esa esencia del universo creado por Stan Lee y Jack Kirby adoptando con fidelidad el espíritu de la fuente primigenia en una trama global que entrelaza todo lo visto hasta la fecha. La transición del individualismo que se cristaliza, no sin tensiones y choques, en un trabajo colectivo, metaforiza el objetivo grupal unificador de intenciones y causas para crear un único todo con un equilibrio y una dosificación impecables. De ahí que Whedon afiance su rúbrica reverencial hacia los componentes con los que edifica el mito superheroico sin ninguna prisa, evitando desequilibrar la balanza a la hora de construir los roles, con sus particularidades y motivaciones, dándole a cada uno un espacio privativo y controlando en todo momento los instantes en los que comparten plano entre ellos. Como era de esperar, aunque Iron Man y Capitán América ejercen de motores de la función, es cierto que Whedon logra evitar que unos estén por encima de otros, sin renunciar a lo que hace de ‘Los Vengadores’ una auténtica delicia, que no es otra cosa que el humor autorreferencial en buenas dosis, sin adulteración ni coartadas, con constantes toques de cinismo que engarzan con soltura y sin ningún desajuste esas relaciones interpersonales y de desafío entre unos personajes destinados a llevarse bien pese a su heterogeneidad.
Con ello, Whedon reniega de una presumida disposición hacia un rumbo visionario del mamotreto que supone encauzar un filme de estas dimensiones, siendo mucho más cercano a la franqueza y respeto hacia los cómics que hacia unos inexistentes propósitos de megalomanía, por difícil que pueda parecer, contrayendo una deuda de honestidad con esa montaña rusa cuya avidez por la fascinación es incombustible. Al margen de lo estrictamente épico, el cineasta no intentar en ningún momento evidenciar una reinterpretación de los cánones genéricos, alcanzando que el conjunto orbite sobre una plausible funcionalidad que ha funcionado, mejor o pero, como carburante sintético de sus franquicias. En este aspecto, hay que subrayar el perfecto manejo de la puesta escena, tan arduo en realización como accesible para el espectador, sin necesidad de abrumar con un torrente de planos, ni de asumir los nuevos modelos del cine de acción colérico y frenético, sino aceptando su condición ‘mainstream’ como un acto de Fe dentro del género en el que se ubica y en unas condiciones englobadas con un objetivo que nunca se pierde de vista. ‘Los Vengadores’ expone sus atributos con abrumador ingenio, ritmo y confabulación con el público, que no puede por menos que dejarse llevar por la explosiva fastuosidad de una épica entregada a la autoconsciencia de un producto diseñado para vivirse como una grata experiencia comercial.
Hay que reconocer, además, lo bien orquestadas que están sus ‘set pieces’ de acción y reacción, sin escatimar en plétora de efectos, equilibrados por la sensación de coherencia que se despliega a lo largo de las dos horas y media que dura el espectáculo. Y lo mejor de todo; nunca pierde de vista las consignas de unos héroes contestatarios bajo el yugo de una base crítica con la actual situación de crisis mundial, ni tampoco por el discurso catastrofista que empapa su fondo, simbolizado en esa grandiosa batalla final propagada de devastación por las calles de Nueva York, donde la acción hiperbólica identifica las inseguridades actuales en un paradigmático clímax de acción que lucha contra las miserias que no son más que la representación de un mundo libre que no es tal. El filme, en el fondo, concretiza sus objetivos en la necesidad de creer en los superhéroes, con un discurso inteligentemente diseñado, añadiendo momentos de frivolidad que esconde en sus trazos de espectáculo y color bastantes golpes a la conciencia política y la manipulación a la que estamos sometidos. Incluso Nick Furia juega con su poderoso grupo en un pasatiempo psicológico sutil y pervertido.
Whedon ha confeccionado una película eficiente e inspirada, que golpea con contundencia e impulsa sus valores sin renunciar a un estilo delegando cualquier circunspección trágica a una trama maniqueísta en el que el Bien lucha con sus armas y honestidad ante el Mal del poder y el sometimiento. Por supuesto que para esta lectura positiva hay que tener en cuenta la presencia siempre sugestiva de un Robert Downey Jr. en su salsa, con un Iron Man juguetón y provocador. O que Mark Ruffalo haya conseguido dotar de esa tragedia interna al Hulk que no supieron corporeizar Eric Bana y Edward Norton o que el malvado Loki de Hiddleston llene la pantalla con agudeza y aplomo. Si además, Scarlett Johansson, embutida en un traje de látex a lo Diana Rigg, perpetúa su imagen de ‘sex symbol’ y los dos Chris, Evans y Hemsworth, están mucho más cómodos aquí que en las previas aportaciones a la familia Marvel, tenemos un entretenimiento de primera fila, donde, todo sea dicho, Jeremy Renner parece un poco desubicado con el personaje menos valorizado del batallón que es Ojo de Halcón.
‘Los Vengadores’ hace de su condición de juguete visual, delirio escandalosamente gigantesco, sin concesiones a la profusión de subtramas o recovecos, una compensada apuesta frontal por la convincente mezcla de efectos especiales, explosiones, acción y épica capaz de succionar la esencia de este tipo de macroeventos y culminar con ello la dignificación del ‘blockbuster’ lúdico y el perfecto ‘fan filme’ ¿Se puede decir que es la película definitiva de superhéroes? Posiblemente no. Sin embargo es lo que más se le acerca a la esperada definición de cumbre de un género que empezaba a ver mermado su atractivo hasta la llegada de esta esperada reunión de factores rutilantes. La cinta de Whedon está a la altura. Y vaya si lo está.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2012
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