martes, 23 de octubre de 2012

Review 'Lo imposible (The Impossible)', de J.A. Bayona

El emotivo equilibrio entre catastrofismo e historia familiar
La historia de supervivencia de J.A. Bayona consigue conmover con una experiencia concreta dentro del descomunal sufrimiento que provocó el tsunami que azotó Asia en 2004.
J.A. Bayona ha conseguido con ‘Lo imposible’ un récord absoluto de taquilla en sus primeros días de exhibición en nuestro país. Su maquinaria comercial encomiable y patrocinio ejemplar de mercadotecnia estudiada han dado como consecuencia el fenómeno de masas que está suponiendo la segunda cinta dirigida por el cineasta catalán. Todo un paradigma de operatividad consecuente de lo que debería ser la normalidad dentro de nuestro cine. La realidad es bien distinta, pese a que a final de temporada la estratosférica recaudación del filme deje unos números que hagan albergar algún tipo de expectación respecto a la salubridad del cine patrio.
El 25 de diciembre de 2004 un catastrófico tsunami asoló las zonas inmediatas a Indonesia, Tailandia y la costa noroeste de Malasia dejando más de 300.000 personas muertas y otras tantas de miles desaparecidas. Esta tragedia es el objetivo de ‘Lo imposible’. A través de la adaptación a la ficción de los acontecimientos que rodearon a la familia española Álvarez Belón, supervivientes reales del tsunami, se traslada a la gran pantalla su terrible experiencia mediante otra familia modélica, compuesta por un británico empresario, su esposa y sus tres hijos pequeños para dar arranque a la acción con la llegada a una urbanización de bungalows de lujo en Khao Lak, en Tailandia, sin faltar algunos recalcados de idoneidad con los que se esculpe la cercanía e identificación con cada uno de ellos. Todo es idílico; la relación entre los padres, la educación de sus hijos, una Nochebuena con globos de luz en la nocturnidad de una playa paradisíaca y un despertar en el que Santa Claus deja regalos para todos… hasta la llegada del terror, de la ola que marcará sus vidas para siempre.
De repente, el espectador se sumerge con los protagonistas dentro de la inclemencia de una situación que impone su lógica realidad con una impoluta dramatización de los eventos, con una inclinación minimalista, sin perder la austeridad ni ejercer aspavientos grandilocuentes ni espectáculos innecesarios. Mediante unos efectos a medio camino entre realidad reconstruida y el CGI de altísimo nivel que podría calificarse como proeza técnica, la ola que se come literalmente a todo lo que desfila por la pantalla y desaparece bajo un poder recreado con tintes de terror análogo a lo que es un movimiento sísmico de esta magnitud ejerce tal fascinación y angustia, arrastra al público la narración posterior de este impresionante golpe de efecto.
‘Lo imposible’ comienza su periplo como una película de catástrofes donde los hiperbólicos desastres se dan cita interrumpiendo de forma devastadora un paraje y una situación placentera que aboga por diseccionar esas imágenes de destrucción en un primer tramo de absoluto deslumbramiento visual. La abrumadora verosimilitud está mostrada con destreza a la hora de implicar al espectador dentro de ese terrorífico suspense cuidadosamente diseñado, sin ahorrar detalles ni pensar en el ojo aprensivo, como esa pierna de la que cuelga un enorme trozo de carne que culmina el terror absoluto que ha provocado la sensación de ahogamiento hasta mostrar el caos que espera en la superficie y que seguirá sucediéndose con varios instantes de realismo riguroso e incómodo.
Bayona orquesta con ello una narrativa puesta al servicio de un constante vendaval de imágenes y sensaciones sentimentales que van y vienen, que golpean y arrastran a una maraña de ramas y detritus que serán la esencia y resorte de la acción y del drama. Una vez pasado ese mal trago en el que destaca la admirable utilización del sonido como elemento radical de la conmoción, tanto al cineasta como a su guionista, Sergio G. Sánchez, lo que les interesa es que, más allá del horror natural, de la catástrofe de ese infierno real, la consecución y vivencias se transmitan desde la perspectiva de los ojos infantiles de un niño que experimenta el final de una infancia abortada por la fortaleza que emerge desde el mismo fango de la pesadilla.
Es lo que deja en un prisma opaco, de forma intencional, del descomunal sufrimiento de los oriundos de las zonas afectadas y demás víctimas, porque ‘Lo imposible’ habla de una experiencia concreta, a partir de la historia de supervivencia de una familia diseccionada por el tsunami destinada a sufrir para reencontrarse. No obstante, se atribuyen ciertos valores metafóricos respecto a la maternidad, la unidad familiar frente al desastre, a la muerte y la diatriba psicológica y física que golpea a los protagonistas en esa constante búsqueda que pretende remover el sentimentalismo del público entre hospitales atestados de heridos, légamos con olor a muerte y refugios improvisados.
La grandeza de una fantástica dirección a cargo de Bayona no queda exenta de cierta manipulación emocional, de intercambios melodramáticos, interludios dolorosos y cierto juego sentimental con algún pasaje ligeramente insostenible que se van dando progresivamente en esta aventura de compasiones, desconsuelos, encuentros y desencuentros con una intención comercial característica del ‘blockbuster’ que representa. A cambio, el director sabe sutilizar el tremendismo, sujetando los atisbos de sensiblería a los mecanismos del drama que vincula la tragedia con el relato, nunca al revés.
Ni siquiera cuando toca ofrecer una lección sobre la elevación del sacrificio del ser humano, cuando se trata de ponerse en la piel de otros en momentos de desesperación y más aflora el sentimiento de solidaridad y el sentido de humanidad, sabe acercarse con delicadeza a una simple llamada de teléfono como catarsis del dolor o a un niño gritando nombres entre camas sumidas de tragedia que encuentra la recompensa de un encuentro, como el desencadenante de un regusto agridulce en su clímax, tan complaciente como traumático en un futuro a largo plazo, lo que invalida el ‘happy end’ con ese último plano de la zona afectada y desolada por la fatalidad.
Y es precisamente la relación de equilibrio entre lo monstruoso de la catástrofe colectiva y la pequeña historia familiar con tono de ‘tearjerker’ (película de kleenex y lágrima viva), lo que consigue que el drama de esa separación e incertidumbre de la lejanía que sufre la familia entre sí confiera a la narración, a priori previsible, un incremento del dolor de la ausencia, del temor a la pérdida que ahoga las esperanzas de los integrantes de una estirpe sin llegue a verse afectado por el exceso, aunque dependa de él para lograr sus propósitos en todos los sentidos.
‘Lo imposible’ está ejecutada con un inmutable sentido del propósito, buscando desde el primer instante que el sufrimiento desesperado descubra su éxtasis lacrimógeno en la fuerza irrefutable del emotivo e imposible reencuentro bajo las circunstancias de concomitancias expuestas. En ése sentido, la película de Bayona es una cinta convertida en una experiencia en sí misma, que incluso escapa a cualquier discurso existencialista (a excepción del sobrante cameo de Geraldine Chaplin y su teoría estelar), al estipular el fondo del destino a la crudeza de la suerte como factor desencadenante de la historia, la misma que deja a Dios o cualquier planteamiento pseudoteológico de la providencia (que hubiera sido lo fácil) sepultados junto a los miles de muertos que quedan bajo el horror del tsunami.
Desgarradoramente actuada por parte de una poderosa Naomi Watts o el gran factor de ensamble de los personajes en que se convierte el joven Tom Holland, junto a los demás intérpretes que dan vida a los miembros de la familia encabezados por Ewan McGregor, marcan un tono de intensidad a la hora de mostrar la capacidad para sobrevivir a los desafíos físicos extremos. Una película que vehicula sus intenciones estéticas a través de la estupenda fotografía de Oscar Faura, la fuerza musical (a veces con exceso de subrayado dramático) de Fernando Velázquez y la prodigiosa dirección de producción, como atributos necesarios para que la vivencia cinematográfica resulte conmovedora e impactante. ‘Lo imposible’ consigue que el público se vuelque con las emociones a flor de piel en un cuento de supervivencia tan hábilmente conducido hasta los objetivos comerciales de unos responsables que pueden sentirse orgullosos de haber creado una película única.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2012