lunes, 3 de marzo de 2014

86ª Edición de los Oscar

La noche de la previsibilidad, los ‘selfies’ y la anti-gravedad
Era una noche aparentemente distinta. Se había vendido la idea de la pugna por estos Oscar 2013 iban a estar disputados. Muy justos en todas las apuestas. Pues bien, no fue así. Los premios que antecedieron a esta 86ª edición de los premios de la Academia de Hollywood (sobre todo, los Spirit Awards) señalaban ya no sólo que la película de Steve McQueen podría aguarle la fiesta a la inspiración técnica de Alfonso Cuarón y su fantástica ‘Gravity’, si no que habían marcado las pautas del patrón del palmarés final que se dio en una velada que no pasara precisamente por su brillantez. Aunque hay que reconocer que fue una de esas noches eficaces y entretenidas. Sin mucho que resaltar.
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Como en 2007 Ellen DeGeneres pasó por los Oscar como una anfitriona casi silenciosa, haciendo gala de este recato y humor blanco tan políticamente correcto que suele profesar. Una ‘show-woman’ ajena a los montajes de vídeo a los que nos malacostumbró Billy Cristal y que ejerció su cometido más desde el patio de butacas que desde el escenario. Llevada por los tiempos que corren, tiró del maldito tópico 2.0, de las redes sociales y de esa candidez que deja satisfachesos a casi todos, sin entrar en polémicas y jugando con la interacción constante de los invitados. Si hace siete años, cuando debutó en esta labor, ya anticipó esta tendencia dejando que Steven Spielberg le hiciera una foto que dio la vuelta al mundo, continuó con la estrategia y logró que un par de fotos hechas con el móvil a modo de ‘selfies’ provocaran récords multitudinarios e históricos en Twitter. Por cierto, que no fue más que una estrategia de ‘product placement’ y publicidad subliminal al presentar el Samsung Galaxy Note 3 que, dicho sea de paso, hace unas fotos bastante mediocres.
Por lo demás; que si los nominados de su anterior presentación eran los mismos, otra foto aquí, que si ir preguntando a los invitados que qué tal la noche, algún comentario algo fuera de tono sobre la nacionalidad de Barkhad Abdi -‘gag’ sobre la confusión a la que conlleva enmarañar somalí con soumiller (sic)-, el sonriente nominado a mejor actor secundario por ‘Capitán Phillips’ (que dejó de estarlo cuando no ganó), que si pedimos una pizza (Big mumma’s and papa’s), que se vio también muy bien) y la compartimos en plena gala, que si paso el gorro para que los grandes productores pongan algo de pasta… y poco más. Por cierto, que Tom Hanks y Steve Martin ya anticiparon la jugada en la entrega de los Governors Awards (los premios honoríficos, vamos). Ellen sabe ser invisible y ejerció como la silenciosa presentadora que nunca queda mal y que cae bien porque es discreta y eficaz. Y así fue durante toda una noche que, según las previsiones meteorológicas, iba a estar pasada por agua debido a un temporal que asola la costa oeste norteamericana. Finalmente, el tiempo respetó incluso la alfombra roja y todo salió como se esperaba. El tiempo respeta los Oscar mucho más que la Semana Santa andaluza.
Con todo esto, dentro del impresionante Dolby Theatre, se comenzó con un esquema muy definido de los premios. Jared Leto, que rápidamente fue comparado en las redes sociales con el ‘buddy Christ’ de ‘Dogma’, de Kevin Smith por su larga melena, cuidada barba y aire estudiadamente descuidado que le hicieron equipararse a un Jesucristo moderno subió a recoger su merecido galardón por ‘Dallas Buyers Club’, con un rol complejo y muy del gusto de la Academia a la hora de premiar este tipo de personajes de notable transformación física. Su dedicatoria fue a parar a la gente que sufre Ucraina, a los venezolanos (que por primera vez en su historia no tenía cadena nacional para seguir los premios), a todos aquellos que no pudieron ganar la batalla contra el SIDA y a su madre. El yerno y novio perfecto. Es sabido por todos que Jim Carrey se molestó mucho por la violencia que mostraba su película ‘Kick-ass 2’ e incluso se negó a promocionarla, pero esa postura conservadora no fue obstáculo para mezclar cine de animación con un chiste cogido por los pelos sobre drogas. Muy del rasero de Hollywood. Para el corto de animación hizo acto de presencia una de las musas del cine de la edad de Oro de Hollywood, Kim Novak, que salió formando extraña pareja con Mathew McConaughey y descubrió al mundo un espantajo caricaturizado a base de tanto operación de cirugía estética. No fue la única; Liza Minelli y Goldie Hawn también podrían haber metaforizado la antítesis de un rosto animado en jeroles hieráticos y rígidos. Una pena. ‘Frozen: el reino de hielo’ sería la elegida como mejor película de animación del año.
Tras los premios de vestuario y maquillaje (‘El gran gatsby’ y ‘Dallas Buyers Club’ –que sumarían más premios-) salió al escenario Harrison Ford para presentar una terna de nominadas a la mejor película. Las notas de John Williams de ‘Indiana Jones’ fueron un acicate para levantar un poco la nostalgia del personal y reivindicar la figura del héroe, que era el ‘leit motive’ de la noche. Y fue entonces cuando comenzó la cosecha de Oscars por parte de ‘Gravity’, que comenzó con el indiscutible de efectos especiales y que posteriormente acumularía todos los apartados técnicos y musicales (diseño de sonido, montaje de sonido, mejor fotografía, banda sonora original…). Para muchos era la noche de Cuarón y de la película que ha cambiado el signo de la tecnología dentro del Séptimo Arte, pero la noche iba a deparar una sorpresa bastante esperada.
Ellen continuó de forma muy prudente presentando a los invitados encargados de repartir las estatuillas. Todos en España queríamos fervientemente que ‘Aquel no era yo’, de Esteban Crespo, fuera la ganadora en la categoría de corto de ficción. Las previsiones hacían ver que el resultado podía estar muy disputado. Y así fue, porque el danés ‘Helium’ fue el ganador y se destapó como una de las grandes e inesperadas sorpresas de la noche. Habrá que esperar a una séptima nominación patria para acabar con esta maldición. Lo que sí estaba claro era que el corto documental que se llevaba premio era ‘The Lady in Number 6: Music Saved My Life’, cuya protagonista, Alice Herz Sommer, superviviente del holocausto más anciana del mundo, fallecía la semana pasada con 110 años. Una pena que no hubiera podido ver cómo esta inspiradora historia ganaba el Oscar. Una previsión que también se tradujo en el de largo documental ‘20 pasos de la fama’ pudo con el riesgo incómodo de una obra truculenta y articulada en la violencia como ‘The Act of killing’. Los Oscar honoríficos ya no se entregan en directo. Y esto es un error terrible. Así pues vimos a Angela Lansbury, Steve Martin, el diseñador de vestuario Piero Tosi y Angelina Jolie (segundo Oscar en su carrera) recoger el galardón en otra gala previa que se resume en un par de imágenes de cada uno.
La noche seguía la prescripción de lo previsto: ‘La gran belleza’, de Paolo Sorrentino fue el decimocuarto título italiano en recibir este premio. Y sólo este cineasta es capaz de aglutinar en su discurso de agradecimiento al clásico inmortal Federico Fellini y al decadente astro argentino que jugó en el Napolés Diego Armando Maradona. Tyler Perry presentó otras tres películas nominadas sin pena ni gloria, para dar paso a la canción ‘Ordinary Love’, donde U2 ofreció su peor versión con un Bono llegando al falsete involuntario y en una puesta en escena de factura muy pobre. De todos modos, estaba claro que la ganadora en este apartado sería ‘Let It Go’, de ‘Forzen’. Entre otras cosas, porque Idina Menzel sí dejó claro lo que es cantar. Fue Lupita Nyong'o la que abriría el camino de la gloria para ’12 años de esclavitud’. La nueva sensación de Hollywood también era una fija en todas las quinielas e introdujo un discurso de agradecimiento de lo más emotivo. Y señalando que este momento tan especial en la carrera de un intérprete coincidía con su cumpleaños. A la presidenta de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas,Cheryl Boone Isaacs (primera mujer en ocupar este cargo) se le vio poco. Su discurso fue fugaz y muy directo. Un espejo en el que mirarse, la verdad.
A esas horas de la noche que Bill Murray, acompañado de la fantástica Amy Adams, apareciera en el escenario por primera vez en la historia para presentar un premio ya iba siendo motivo de sorpresa y satisfacción. Como debió serlo para la comunidad gay del mundo el hecho de que Ellen DeGeneres presentara a Whoopi Goldberg y ésta a su vez a Pink (reconocidas activistas del movimiento lésbico del famoseo yanqui) para homenajear los 75 años que se cumplen de ‘El Mago de Oz’. Hasta el momento ‘Gravity’ había ganado todos los Oscar en la que había sido nombrada. A pesar de que el diseño de producción no se lo llevó, volvió a la senda del Oscar con el premio a la mejor banda sonora para Stephen Price. Y así, se llegaba a la recta final de estos Oscar, con la falsa incógnita de si ‘Gravity’ sería la gran cinta acaparadora de todos los premios importantes. Y fue cuando Robert de Niro y Penélope Cruz presentaron los Oscar a guiones cuando se empezó a desvelar por dónde irían los tiros del Oscar final. John Ridley se llevó el gato al agua por ‘Doce años de esclavitud’ que, a la postre, sería más que esclarecedor sobre la quiniela final. Por su parte, Spike Jonze obtuvo el de mejor guión original por ‘Her’, de la que habrá crítica abismal esta misma semana.
Sidney Poitier recibió una emotiva ovación acompañado de Angelina Jolie a la hora de presentar el Oscar al mejor director, que fue a parar a Alfonso Cuarón, primer cineasta latino en entrar en la historia de estos elegidos. Su discurso fue perfecto, sin olvidarse de sus socios mexicanos Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, su equipo, actores, hijo y madre… Muy entrañable el tono que dictaminó cuando señaló la experiencia transformadora que supuso rodar una cinta tan compleja como es ‘Gravity’. Siete premios para esta cinta que ha revolucionado las técnicas fílmicas marcando un antes y un después. Sólo quedaban tres Oscar que repartir. Y muchos anticipaban que Cuarón volvería a salir una vez más. El señorial Daniel Day Lewis era el encargado de entregar el premio a la mejor actriz a una resplandeciente Cate Blanchett, que no se olvidó de sus contrincantes con delicada educación de una de las mejores actrices del mundo. Jennifer Lawrence se quiso hacer la graciosa y… bueno, esta vez como que no. Y es entonces cuando Matthew McConaughey eliminó cualquier duda de su carisma dentro y fuera de la pantalla; primero, abrazando a Leonardo DiCaprio, su gran rival esta noche y luego proporcionando un discurso que quedará como uno de los más ejemplares en mucho tiempo. Impecable.
Y llegó el instante final de despejar las dudas. Fue Will Smith, paradójicamente el gran triunfador en los anti-Oscar que suponen los ‘Razzies’ este año, el encargado de otorgar el premio a la mejor película de 2013. La noche había estado trufada de presentadores afromericanos, de cantantes, de intérpretes nominados y ganadores, estaba Sidney Poitier… y el niño mimado negro de Hollywood abría el último sobre ¿Cuál era la ganadora? En efecto, ’12 años de esclavitud’ se alzaba con el gran Oscar de la noche. Steve McQueen y Brad Pitt se llevaban el reconocimiento de la Academia dejando a ‘Gravity’ a las puertas de pasar a la Historia. Finalmente estos premios son así y era muy evidente que la cinta sobre la esclavitud venía, desde su estreno, con la vitola de posible ganadora del Oscar ¿Justo? La pregunta es ¿cuándo estos trofeos cinematográficos lo han sido? Aquí lo importante es disfrutar y pasarlo bien. Ellen DeGeneres cumplió, pero como en su anterior cita, sin pena ni gloria. La noche acabó bajo la estricta funcionalidad del reloj. Y dejó un palmarés con este resultado: ‘Gravity’, siete Oscar (director, montaje, efectos visuales, fotografía, banda sonora, edición de sonido y montaje de sonido), ‘12 años de esclavitud’, tres (película, actriz de reparto y guion adaptado), Dallas Buyers Club, tres (actor, actor de reparto y maquillaje), ‘El Gran Gatsby’, dos (vestuario y diseño de producción), ‘Frozen: El reino del hielo’, dos (película de animación y canción original) y, por último ‘Her’ (guion original), ‘Blue Jasmine’ (actriz) y ‘La gran belleza’ (mejor película de habla no inglesa), todas con una estatuilla. Las grandes derrotadas: ‘El lobo de Wall Street’ y ‘La gran estafa americana’, que pese a su acumulación de candidaturas se fue de vacío.
Y esa fue la octogésima sexta edición de los premios de la Academia de Hollywood. Un año más ofreciendo el rostro más glamoroso del cine, el escaparate de los sueños y lo prosaico que resulta todo dentro de un universo que vive de estos saraos tan multitudinarios.
LO MEJOR
- En los Oscar saben que la agilidad se centra en ir eliminando tradiciones ancestrales que van lastrando el ‘timing’ de la gala. Por ello, el discurso de la presidenta de la Academia fue directo y casi fugaz. Aquí, en los Goya (atento González Macho) deberían tomar nota.
- Brad Pitt ¿Qué hay que disfrutar? Pues se disfruta
- Bill Murray, que sí… que está mayor. Pero sabe llevar su vejez de forma estupenda y con buen humor. En su presentación se saltó el guión y recordó a su íntimo amigo Harold Ramis, fallecido recientemente.
- Corinne Bishop, la hija de Jamie Foxx que, como el año pasado, fue un reclamo de belleza que debería ser casi obligatorio cada año.
- El buen rollo que da la canción de Pharrell Williams ‘Happy’, aunque finalmente no consiguiera la estatuilla. Hizo bailar a varias actrices e incluso Meryl Streep hizo un meneo al son de las notas de unos de los artistas de moda.
- Jannifer Lawrence se volvió a caer ¿tropiezo, descuido o postureo?
- Emma Watson, la más bella en la alfombra roja y dentro del descomunal teatro. Y eso que el nivel estaba alto; Charlize Theron, Cate Blanchett, Amy Adams, Jessica Biel, Margot Robbie, Jennifer Garner
- A modo personal, acertar 20 de 24 en la quiniela total de estos premios. Nunca mi porcentaje de aciertos fue tan elevado.
- En la alfombra roja, por parte de la retransmisión de Canal + España, la profesionalidad de Cristina Teva.
LO PEOR
- La moda absurda del ‘photobomb’ (chafarle la foto del posado a la estrella de turno apareciendo de repente a su espalda).
- Se echó de menos algo de humor, menos rigidez en el guión y algún momento que se descuadrara del encorsetado dictado que rigió la gala.
- Los gallos de Bono cantando ‘Ordinary Love’, de la película ‘Mandela. Del mito al hombre’, evidenciando una falta de calidad asombrosa para tan magno grupo histórico.
- El año pasado nos colaron a Barbra Streisand con su ‘The Way We Were’ un poco metido en la gala con calzador. Reiterando usos, Bette Milder cantó ‘Wind Beneath My Wings’ en el video homenaje a los fallecidos.
- Que en los premios a mejor animación no aparecieran los minions. Lógico, por otra parte, si atendemos a que ganó ‘Frozen: El reino de hielo’, de la factoría Disney.
- La falta de vídeos con montajes humorísticos y cinematográficos que se han echado de menos como en anteriores ediciones.
- De nuevo, el pelo (y ya las operaciones faciales) de John Travolta. Y para colmo, ahora se equivoca cuando tiene que pronunciar sólo un nombre: Idina Menzel.
- Jennifer Lawrence ha pasado a ser la nueva novia de América a una presumida princesita a la que se le han subido mucho los humos. O al menos, su presentación del Oscar al mejor actor así lo dejó claro.
- Por extraño que parezca, la espantosa realización de ABC, tan correcta siempre cuando se trata de ofrecer el show al mundo.
- Rostros desfigurados por las operaciones. Kim Novak, el ejemplo más escandaloso que, a golpe de bisturí, parece Roy L. ”Rocky” Dennis, el personaje de ‘Máscara’, de Peter Bogdanovich y casi no puede ni articular palabra. Goldie Hawn tampoco le fue a la zaga. Por el contrario, actrices como Sally Field y Glenn Close saben describir la dignidad del paso de los años con honestidad y belleza natural.
- Que ya no vimos en la primera fila a nuestro Jack Nicholson, un fijo de estos premios, que se ha apartado de la profesión y la actividad social debido al Alzheimer.
- En Canal + que Tony Garrido (excesivamente circunspecto) y sus invitados hicieran casi el vacío a la pobre Alexandra Jiménez, que incluso reclamó un poco de participación dentro de la presentación por la abusiva atención que recibía Twitter dentro de la retransmisión. La respuesta que recibió: “ábrete uno”.
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